Una noche de verano: nada más y nada menos.
La veo acercarse a mi corriendo y riendo. ¿Qué se le habrá pasado por esa cabecita bonita? Desde luego lo iba a averiguar, y en ese momento vi que estaba abriendo la boca y diciéndome algo. Decido prestarle atención, aunque me da rabia dejar de observar al chico del 'saltamontes'. Estoy en la feria anual de mi pueblo, así que hay que aprovechar al máximo.
-Carmen, ¿me estás escuchando?-noto un dolor en la cara, y le devuelvo el tortazo a mi amiga.
-Pues no, repite.
Ahora si la estoy escuchando, y no dice más que tonterías, hasta que me llama la atención esto de las apuestas: una de ellas es atraer y gustar a tres chicos que trabajen en la feria, y que tengan menos de veinte años; y la otra ganar una entrada gratis al 'saltamontes'. No es fácil, pero tampoco imposible. Muevo la cabeza de arriba a abajo, aceptando la apuesta. Y me acuerdo de una frase típica de uno de los personajes de mi serie favorita, que dice así: 'Challenge accepted'.
Esta noche no me apetece mucho, que se diga, así que me monto con mi amiga en el 'saltamontes', gritando y agitando los brazos. Sacando la locura y diversión que hay dentro de mí.
¿Por qué uno de los chicos que trabajan en la feria me está mirando? La duda no se me quita, así que se lo pregunto a mi amiga Denisa: me lo afirma, pero no me saca la duda.
Me suelto el pelo y lo remuevo mucho. Bajo de la atracción, y paso por al lado de todos los chicos, que en la mirada se les nota que quieren hablar conmigo, pero solo me fijo en el chico al que miraba antes: el rubio, bajito, y con un estilo tipo 'malo'.
Decido irme a casa a descansar, sin sacarme de la cabeza la idea de la apuesta y las consecuencias que traería esto; pero es mejor no pensar en ello.
Me despierto y lo primero que hago antes de ir a desayunar, es arreglarme (ducharme, vestirme, maquillarme, peinarme).
Me dirijo a la feria y vuelvo a mirar la zona de la atracción del 'saltamontes'. Pero esta vez en vez del chico malo, hay tres. Me acerco a ellos y los saludo con la mano y con una gigantesca sonrisa, así destaco mis dientes recién lavados y blanquecinos. Sigo moviendo la mano como una tonta, esperando una respuesta por parte de ellos: nada. Así que me voy a otra atracción llama 'el pulpo', muy indignada.
Me monto unas cuantas veces (diez como mínimo). Salgo de allí mareada, tambaleándome de un lado a otro cuando noto unos fuertes brazos que me rodean la cintura por detrás. Me sobresalto y oigo que me susurra algo al oído: 'Eh nena, ¿ves ese chico de allí?-me señala con el dedo a uno de los dos compañeros que ha dejado en la taquilla- pues dice que le parece que estás buena, y que le gustas'.
Esa idea en el primer instante me asusta, pero me acuerdo una vez más de la dichosa apuesta de ligue, que aunque me asuste un poco, me gusta.
-Gracias.- es muy patético por mi parte. Ellos me alagan, y yo solo digo gracias. Aunque no me ha salido otra cosa por el asombro, y no por que le guste a ese chico porque ya tengo a uno de tres ligues: es porque el chico que me atraía la noche anterior, me ha abrazado y salvado de una caída segura.
Me tomo el día libre, sin ningún ligue, para venir a cazar por la noche: ¿conseguiré los otros dos?¿O solo uno? Ya veré.
Estoy muy decidida. Me acerco a rubiales malote, y le pregunto su nombre.
-Julio, ¿y el tuyo?-me responde. Me quedo mirándole como una boba, sin decir nada y con la boca abierta.- ¿Te pasa algo?
Me sobresalto y me doy cuenta del ridículo que estoy haciendo. 'Venga Carmen. Es una apuesta y la tienes que conseguir. No te embobes con este tío, no ahora.' Me digo una y otra vez, hasta que me llega la saliva a la boca y puedo responder a la corta pregunta.
-Carmen, encanta.-le extiendo la mano en forma de saludo, pero él me la aparta y me da un beso en cada mejilla.
¡Dos besos en cada mejilla!¡Claro!¿Cómo he podido ser tan imbécil como para extenderle la mano a un chico con el que tengo que ligar? Esto desde luego solo se me ocurre a mi.
Oigo y veo reír a Denisa y a unos cuantos de nuestra pandilla que están sentados en unas escaleras que están a unos metros de nuestra ubicación ahora mismo.
Respiro hondo, saco toda mi valentía, y le pregunto a Julio si tiene 'Tuenti': esa red social muy común en los adolescentes o adultos de nuestro país.
Me lo apunto en un papel, y salgo de allí corriendo y gritando un 'adiós' desde donde está mi pandilla en la escalera metálica.
-Vaya, -uno de los chicos que me propuso lo de la apuesta, me intenta decir algo, pero otra chica le da un codazo interrumpiéndole. - veo que te has atrevido.- el chico mira a la chica como diciendo 'no le iba a decir nada malo'.
-¿Pensabas que no?-le respondo, muy creída, y también sacando a relucir una risita maléfica.
Me levanto junto con los demás, y camino hasta la discoteca, en la que bailo y me tomo un par de copas como una loca junto con mis amigos, hasta las cuatro de la mañana.
Llego a casa y lo primero que hago es encender mi ordenador para agregar a Julio en el 'Tuenti'; no lo encuentro, me pongo muy nerviosa y lo mejor que puedo hacer ahora es dormirme, mañana será otro día, el último antes de que se acabe la feria.
-No te encuentro en 'Tuenti', ¿me lo puedes dar otra vez?-le pregunto, como a las siete de la tarde.
Él se limita a reírse de mí. Saca algo algo del bolsillo de su pantalón caído: su teléfono móvil. ¿Qué querrá hacer con eso? Le pregunto con la mirada, y me responde con palabras.
-Apunta tu 'Tuenti' aquí, te busco yo y es más fácil.
No digo nada, le arranco el aparato de la mano y se lo apunto en esa aplicación de 'Notas' o 'Aviso'.
Me sonríe y le devuelvo la sonrisa.
Le pregunto si me puede dejar en la atracción en la que trabaja gratis. Me da una respuesta afirmativa aunque también me dijo que no me lo merecía porque era muy mala por hacerle cosquillas a los niños pequeños. Yo solo me dediqué a mirar esos ojos de angelito que tiene, junto con sus sonrisa. Nuestras cabezas se acercan más y más, pero no sé como ni porque pero giro mi cabeza hacia la derecha, y me empiezo a reír como una de esas psicópatas sin remedio conocido.
De reojo, observo que él se está mordiendo el labio inferior. Me levanta el rostro y me lo acaricia; el mechón de pelo oscuro que está al lado de uno de mis ojos, se coloca detrás de mi oreja gracias a Julio.
No me lo puedo negar más a mi misma: Me gusta Julio, y me gusta mucho.
Al final, me dice que más tarde me da dos entradas, porque hoy está muy lleno, y tampoco me apetece mucho ahora. Así que me despido y me voy a mi casa. Llamo a una de la pandilla y le digo que lo ponga en altavoz para que todos lo oigan: 'No puedo seguir mintiendo así a Julio -exclamo- me estoy enamorando de él'. Y cuelgo de sopetón.
Ahora, ya de noche, me dirijo al 'saltamontes' junto con una amiga y un amigo, y nos montamos en esta atracción. Y ya lo he conseguido: las dos apuestas, atraer a dos chicos y entradas gratis al 'saltamontes'.
A mi pandilla la he dejado alucinando, y me estoy ganado el respeto del barrio al que pertenezco, porque así se gana: aceptado apuestas algo más difíciles y ganándolas.
Voy otra vez a la discoteca de la otra noche, y me quedo hasta la misma hora, bailando y pasándolo genial.
-Carmen -la miro y la escucho- la feria al final no se acaba hoy, sino mañana, por ser el día del niño.
Sonrío, y no porque haya atracciones un día más, si no que hay más Julio que me pueda enamorar.
Me voy a casa decidida a dormir, y lo consigo. Pero es extraño: sueño con Julio. ¿Por qué con él, y no con el novio con el que acabo de cortar hace unas horas? No lo comprendo, ¿de verdad me estaré enamorando profundamente, o solo me gusta un poco más de lo normal?
Me despierto aterrorizada: se va a ir. ¿Le veré hoy? Tengo que verlo, fue horrible como me despedí la última vez: un simple gracias.
Dejo que pase unas horas, antes de ir a buscarlo y pedirle disculpas por mi horroroso comportamiento, no puedo dejar que piense que soy una aprovechada.
Agacho la cabeza cuando estoy enfrente suya, y un 'hola' casi silencioso sale de mi boca.
-Hola-me responde gracioso, cosa que me ayuda un poco con la vergüenza que siento- pensé que ese 'gracias' era el último 'adiós'.
-¿Qué?-levanto la cabeza y le respondo fingiendo estar algo mosqueada- Que no soy tan aprovechada, hombre.
-Ya.-su cara le delata, no me cree.
-Que hablo enserio. Por eso he venido.
Gira sus ojos y mira hacia otro lado. Saca un paquete de cigarros y me ofrece uno. Niego con la cabeza y digo que no fumo.
-¿Segura?
Le respondo diciendo alguna vez he probado, pero no me gusta.
¿Le digo que todo a sido una apuesta, pero que el ahora es algo más que eso? Oh dios mío, ¿por qué todo esto es tan difícil? Ojalá solo fuera un chico normal que no me atrajera tanto con sus camisetas anchas, pantalones cagados y rubio. Es tan perfecto cuando me sonríe mientras yo estoy embobada. ¡Estoy embobada! Tengo que decírselo, es ahora o nunca.
-Verás, Julio...-vuelvo a agachar la cabeza- todo esto ha sido una apuesta. -le miro para ver la cara que ha puesto: es de indignación.- Que sino no habría ido a hablarte en la vida. Pero no te enfades, por favor.
-Ya. -suspira- apuestas, pf.-se ríe un poco.
-Si si. Tú ríete, pero eras tú el que me miraba tanto.
-Bueno, a ti y a tu amiga.-me sale un 'ah' por la boca.- Porque eráis las únicas que bailabais. Por cierto, bailas muy bien.
-Gracias. Es verdad, te fijaste en mí por ser la única haciendo el ridículo, quedando fatal.
-No te preocupes. -noto que me acaricia el pelo de la cara y me lo coloca detrás de la oreja.- Anda tonta, dame tu 'Tuenti' que ya te agrego yo cuando esté en Leon. Me acuerdo que me lo diste una vez, pero no sé donde lo has puesto.
Asiento y se lo apunto en el móvil. Me pregunto si no sería más útil que me de su número y ya está, pero veo que no.
Nos sentamos en un sitio y hablamos un buen rato. Tengo que estar en casa a las nueve de la noche, y son las ocho. ¿Qué hacer?
Le pregunto si vendrá el verano que viene.
-Si, no sé.
-Sería genial.
Me pregunta por qué, y no puedo responderle más que esto:
-Porque si viene otro chico, no podré seducirle como a ti. Por que no haré más apuestas para ligar con chicos. Porque sería perder algo que quiero, algo que empezó con una simple apuesta, pero ahora... todo me da igual; toda esa apuesta tonta me da igual: me importas tú, y si no estas tú, nadi me mirará cuando baile como una loca y tampoco se reirá cuando me tropiezo. Ni se muerda el labio, diciéndome con eso que le parezco mona. Porque no estaría tan obsesionada atrayendo su atención como para soñarle 2 veces seguidas. Y cuado le conozca no coincidirá con el día con el que corte con mi novio y él me diga que es algo normal. Porque si no estas tú, no estará esa sonrisa ni esos ojazos que me miran y que me vuelven loca. S i no estás tú, nadie me cogerá por detrás abrazándome para que no me caiga. Si no estás tú, no le querré igual.
Lo único que oigo como respuesta es unas cuantas risas. Si, risas. Se acerca a mi cara, creo que me va a besar. No, me dice algo susurrando al oído: Volveré, por ti, con esta sonrisa y estos ojazos para sacarte a ti la mejor sonrisa del mundo, y decírtelo.
-Cielo, creo que debo irme.-le digo mientras yo también me río. Le cojo de la mano y empiezo a correr hacia un callejón oscuro y romántico (para mí, no sé para él). -Soy muy educada, así que, con su permiso, le voy a besar.
Pero para mi sorpresa, me besa él. Dos besos muy apasionados, y entre ellos sonrisas de amor.
-Me voy ya...
-No, por favor, quédate un rato más.
-No puedo, lo siento.
Me doy la vuelta y empiezo a llorar. No me lo puedo creer, le estoy dejando ir. Corro lo más rápido que puedo hacia mi casa. Y esta noche, vuelvo a soñar con él.
Los días pasan, y los sueños de cada noche son con él, y conmigo.
No sé lo que pasa realmente, ¿esto es amor o solo algo pasajero? El tiempo lo determinará, pero de momento, solo me despierto cada día y me conecto a mi cuenta de 'Tuenti' para ver si está esa notificación verde que dice 'Tiene una petición de amistad', y que sea suya.
Solo quiero que el verano que viene, si llega a venir, verle y saltar a sus brazos besándole y diciéndole lo mucho que le he echado de menos.
Le quiero.
Hola. Me gusta escribir cuentos cortos. Algunos serán tristes, mucho, pero otros serán verdadera felicidad. ¿Quieres saber cómo son? Pues pásate y lee. Espero que no te arrepientas. Disfruta.
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jueves, 4 de octubre de 2012
Más que una simple apuesta. (Historia Real).
jueves, 6 de septiembre de 2012
Una vida con amor.
-Cariño,
deja a Brettus, le estás asfixiando.
Quizá
sea por eso por lo que no me habla. No la dejo ni respirar. Soy una mala novia.
Vale,
puede que esta flor no me quiere hablar, pero eso no significa que no lo haya
hecho. Pienso, mientras sostengo entre mis dedos una preciosa flor negra, con
un solo pétalo, que me ama. Me lo ha dicho.
Le
cojo con cuidado, le pongo su enanita bolsita de agua en la terminación de su
tallito, y se la ato con una pequeña cuerda de plástico duro y blanco.
No
tiene pinchos, por lo que me es muy fácil llevarla siempre en mi mano, conmigo.
Me
dirijo hacia la costa del país en el que vivo, España.
Es un
lugar muy bonito, ya que no hay gente que me moleste.
Los
zapatos de cuero que tengo en mis piececitos, me los quito para notar el suave
tacto de la arena, y demás conchitas rotas.
Brettus
se divierte, le oigo reírse. Es una escena muy romántica para ambos, ya que
nunca me han dejado traerlo conmigo a la playa.
Las
olas, o por lo menos su sonido, se incrusta en las grandes conchas del fondo
del océano.
Mi
abuela, una vez me contó que los seres de los mares y océanos grandes, recogen
el sonido de las olas de la orilla de ese agua inmenso, con una especie de
micrófonos de algas microscópicas, y se la incrustan a las conchas grandes y
preciosas de la zona en la que viven ellos, haciendo el sonido del mar, que
nosotros escuchamos.
Pero
oigo que alguien se acerca, me doy la vuelta y compruebo que son todos ellos.
Siempre están juntos, y parece que disfrutan haciendo lo que hacen.
Salgo
corriendo y me dirijo al único lugar donde no pueden molestarme, mi casa. Allí
está mi mamá y seguro me protege. Brettus también corre, aunque sin hacer mucho
esfuerzo, ya que está en mi mano, y creo que le estoy volviendo a asfixiar, ya
que le apretó con todas mis fuerzas.
Decido
dormirme, es tarde y mañana tengo instituto. Otro día más.
Mi
madre me despierta con un grito angelical, esos que siempre hace para que no me
despierte de mal humor. Desayuno mi típico vaso de leche con muchas, muchas
galletas. Son galletas que no engordan, espero que se note.
Entro
por las grandes puertas de hierro repartido en muchas barras, y otra vez sin mi
amado Brettus. No me dejan traerlo a clases, y me lo podrían robar.
No me
imagino la vida sin él. Lo tengo desde que nací. Mi madre me ha contado, que se
encontró a Brettus en su mesilla del hospital, cuando nací yo. En ese entonces,
tenía 14 pétalos. Ahora solo le queda uno. No sé porque, pero cada año se le
cae una, justo el día antes de mi cumpleaños. Y si este año también se cae, me
quedaré sin el amor de mi vida.
Entramos
todos a clases. La profesora que toca en esa hora, entra y nos saluda con un
simple ‘Buenos días’. Sacamos los libros de la materia correspondiente, y
corregimos los ejercicios que nos mandaron hace dos días.
Ya
han pasado las tres horas, y toca la media hora de descanso. Cojo mi bocadillo
y me voy al baño. Luego voy detrás del
edificio donde está la biblioteca. Espero que hoy no me encuentren.
Pero
por mala suerte, me ven llegar, y yo a
ellos. Son 10, 10 chicos y chicas de mi edad o más mayores. Me tiran el
bocadillo de queso, y me levantan tirándome de mi largo y negro pelo que me
llega por debajo del pecho.
-Oye
foca, ¿por qué sigues comiendo bocadillos?¿No sabes que engordan?-oigo que me preguntan.
Niego
con la cabeza e intento escaparme, pero me impiden el paso. Ellos no saben que
es pan integral, hecho por mi madre, que no engorda, y un queso de un cero por
ciento en grasa. No engorda casi nada.
Se
ríen de mí, me insultan e incluso me tiran cosas. Yo les observo, y noto como
una gota de una lágrima asquerosa me recorre la mejilla. Ahora si estoy
perdida.
Me
ven llorar, se ríen más y más. Ahora me llaman llorica, no lo soy.
Brettus,
te necesito. Ojalá te hubiera traído conmigo.
Me
tiran de mi jersey nuevo y blanco. Lo rompen y lo meten en un charco, ya que
esta mañana ha llovido, y se ensucia todo. Era mi jersey favorito, y había
ahorrado para él, más de dos meses. Era de una marca muy buena.
Corro,
ahora si me dejan ir, ya que ha sonado el timbre que anuncia la vuelta a las
aulas.
Me
siento en mi silla y mesa, en la última esquina, para que se olviden de que
existo.
Salgo
fuera camino a mi casa, y tiemblo de frío. No me puedo poner el jersey mojado y
sucio. Como comida caliente, mientras mi madre me regaña por estropear el
jersey nuevo. Y no lo entiendo, lo compré con mi dinero ahorrado.
Subo
a mi habitación y le cuento a Brettus todo lo que pasé hoy. Me entiende y me
sonríe, le devuelvo la sonrisa.
Me
pregunta el porqué de que me llamen foca. Le cuento que, no como cosas que
engorden, hago ejercicio, pero me es
imposible adelgazar. Estoy gorda, lo sé, pero es debido a una enfermedad que me
retiene en este estado, nadie de mi familia lo padece, excepto yo.
Enciendo
mi ordenador de mesa negro, y me conecto a una de esas páginas sociales. Tengo
mi nombre real, y lo bueno, es que por
internet, nadie se burla de mí. Todo lo contrario, son amables y muy simpáticos
todos, les tengo un gran aprecio. Pero en el instituto, son verdaderos monstruos
conmigo, y prefiero pensar, que se convierten en eso, porque odian las clases.
-Hola
cariño.-me dice una chica, la que me tiró hoy el jersey al charco.
-Hola.-le
respondo.
-Siento
lo de tu jersey hoy, Tribe me obligó.
-No
pasa nada. Era viejo y barato.-le miento, para que no se sienta culpable.
La
conversación no dura mucho, ya que me voy a estudiar, mañana tengo examen de
Sociales, y no quisiera suspender.
Otro
día más. Pero hoy con examen, y que mañana es mi cumpleaños. Lo que me recuerda
que si pasa lo de todos los años, hoy es el último día de Brettus y mío juntos.
Así cuando vuelva a casa, prepararé todo para nuestra maravillosa boda.
Estoy
escribiendo todas las respuestas a los exámenes, me lo sé todo.
Otra
vez esa media hora de descanso, ahora me siento con las piernas cruzadas,
detrás del contenedor de reciclaje de papel y cartón, que hay en una esquina de
la parcela escolar.
Oigo
pasos, de una sola persona. Se acerca la chica que ayer me pidió perdón, a
través de una pantalla y teclados coloreados.
-¿Estás
bien?-me pregunta sonriendo.
Asiento,
devolviéndole la sonrisa.
-¡Vaya!-exclama
sorprendida.-Tienes unos dientes preciosos, y una sonrisa igual de hermosa.
Me
río en forma de gracias. Pero de repente, oigo como los demás, que están al
otro lado del contenedor, se ríen de mí.
-Lo
siento.-murmura Maura, la chica rubia y alta, con unos ojos grandes y azules
cielo. La quiero, creo que somos una especie de amigas.
Pero
no acabo de entender porque me dice lo siento. ¿Qué me van a hacer hoy?
Salgo
de mi escondite e intento salir corriendo, pero las dos salidas, están
vigiladas.
Llega
el profesor de guardia, y pregunta porque están todos aquí. Ellos responden que
están jugando, pero como el profesor no me ve, no se da cuenta de que están
jugando conmigo.
Noto
que mi piel está más blanca que nunca, me mareo y cierro los ojos.
Lo malo pasará pronto, no te preocupes Jady. Me
digo a mí misma.
Uno de los vigilantes, entra en mi escondite, y me coge
de la mano, tirándome hacia afuera. Me resisto, pero es más fuerte que yo.
Me dicen muchas cosas, me siguen insultando. Pero un
chico muy alto, y blandengue, me dice unas cosas que no me puedo sacar de la
cabeza.
-Sino vienes hoy a las 5 de la tarde, al parque
Neandertal, mañana te espera lo peor.
Me dejan en paz. Se acaban las clases. Llego a casa. Y me
visto con mi vestido blanco, y Brettus ya está vestido de negro, así que
estamos listos para nuestra boda. Muchos invitados están presentes a la
ceremonia. Peluches y muñecos aplauden cuando decimos el ‘sí, quiero’, típico
de todas absolutamente todas las bodas.
El timbre suena, mi madre abre y me llama. La ceremonia
de boda ya ha pasado, pero yo sigo en el vestido. Guardo a Brettus en el
pequeño bolso con el que bajo abajo, y me pongo mis zapatillas.
Maura me está esperando abajo.
-Hola.-me dice volviendo a sonreír.
Yo también la sonrío. Creo que me viene a acompañar al
parque Neandertal, el más solitario de la ciudad.
-No hace falta que me digas nada. Sé que estás sufriendo.
Lo siento.
Llegamos, y veo todo ese grupo de chicos y chicas que me
esperan con algo en la mano.
Llego hasta ellos, y me pongo a llorar.
Me obligan a sentarme en un banco viejo y de madera.
Empiezan a tirarme cosas, no entiendo porque. Nunca les he hecho nada.
Veo a Maura, a lo lejos. Llorando también. Gritándoles a
los demás que paren. Pero no lo hacen.
Al final, se quedan sin cosas que tirar. Y cogen algo del
suelo. Me doy cuenta de que eso es más peligroso.
Son piedras. Me tiran piedras grandes y dolorosas.
Me dan una en el ojo, me duele mucho. Uno me llega a dar
en la garganta, y otro muchos en el cuerpo, me empieza a salir sangre, y se me
mancha mi hermoso vestido blanco, de novia. Me acuerdo de que tengo a Brettus
conmigo, y me dice que salga huyendo de aquí, y no vuelva jamás. Que nos
vayamos juntos.
Eso hago. Me levanto lentamente, me siguen tirando
piedras.
Las lágrimas no invaden mis ojos, sino mi cara sangrienta
también. No puedo parar de llorar. Me duele mucho. Y más que el cuerpo, me
duele el corazón. No creo que me merezca esto.
Me siento detrás de un gran árbol que está algo más
alejado del resto de personas.
Saco a Brettus. Un dolor intenso y muy fuerte invade mi
cuerpo gordo y sangriento.
No aguanto más. Una de las piedras me ha alcanzado en el
estómago, y me duele. El ojo siento que me va a explotar, no tengo fuerzas para
nada.
Lo peor de todo, es que mi padre me dijo que si me
apretaba el hueso del cuello, me lo podía tragar y morir. Es verdad. La piedra
me dio en el hueso, y siento que me la trago poco a poco.
Mis ojos se cierran y sé que este es el fin. Siento a
Brettus en mi pecho, lo toco por última vez, y me doy cuenta de que el pétalo
que le quedaba, se ha caído.
Me voy, y nunca les he dicho algo a mis padres. Ojalá
pudiera estar con ellos y decirles: Papá, mamá, gracias. Gracias, por darme la
buena vida que he tenido. Gracias por darme de comer y ropa que ponerme.
Gracias por darme la vida. Os quiero.
Me voy con Brettus, estoy casada con él.
Pienso en el examen de Sociales, aunque creo que eso no
importa ahora.
Pienso en Maura, la única amiga humana que he tenido. O
por lo menos quiero pensar eso. La oigo acercarse, está llorando. Intento abrir
los ojos, y la veo sonriéndome.
-Jady, aguanta, he llamado a la ambulancia.
Es demasiado tarde, pienso.
La hago una señal para que se acerque, y la beso en la
mejilla. Y la sonrío.
Ahora si me voy. Y me llevo un secreto que mi familia y
yo hemos intentado guardar, pero supongo que todo el mundo se ha dado cuenta.
Soy muda.
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