Estacioné mi pequeño Renault Twingo en la esquina de la estación de buses. Sentía enormes deseos de orinar, pero eso podía esperar. Estaba algo inquieto, quizás por tanta cafeína. Vivía tomando café. Si no era en grandes tazas
en mi casa, era un ristreto o dos en algún bar italiano. Necesitaba tomarlo, aunque me generaba una sensación desagradable, algo como estar relleno de agua tibia burbujeante mezclada con ceniza de cigarrillos.
Era una tarde calurosa así que decidí abrir el techo de lona de mi auto. De inmediato noté un denso olor a grasa frita que provenía de una casa de comidas rápidas que emitía la poca luz que había en toda la cuadra. Volví a cerrarlo y encendí el aire acondicionado.
Me sentía particularmente bien. Intentaba rehacer mi vida luego de una larga y laberíntica relación de años. Habiendo superado un doloroso final, volvía a sentirme libre. Aunque sentirse libre o realmente serlo son dos cosas completamente diferentes. Por un lado, estaba listo para tomarme ciertas licencias y conocer gente nueva y por otro, cada noche,
seguía esperando un llamado que nunca llegaba.
Después de casi dos meses de intercambios de emails y algunas extrañas llamadas telefónicas, iba a conocer a una
de mis pocas autoproclamadas admiradoras. Naturalmente, no era a mí quien ella realmente quería conocer, sino a
mi alter ego. Pero honestamente, poco me importaba lo que ella quería. Necesitaba desesperadamente un cuerpo que abrazar y un trasero cálido que embestir.
Y si bien conocía todos los aspectos relevantes de su vida, o por lo menos, los que ella quiso revelar a la distancia, jamás había visto su fotografía. Tampoco tenía noción alguna sobre su aspecto físico salvo por un comentario sobre el tamaño de su calzado, lo cual me había permitido deducir que medía, por lo menos, un metro sesenta y cinco. Aunque ciertamente no era ciencia exacta.
Encendí el stereo y escuche durante algunos minutos un disco de porstishead. Luego intenté probar que daban en la radio. Una voz falsa y estúpida comentaba que hacia minutos había muerto la oveja Dolly. Supongo que aun quedaba
en pie su gemelo original así que no supe bien que pensar al respecto. Apagué la radio y bajé del auto. Comencé a caminar lentamente por la estación de buses. Era un espacio verdaderamente desagradable, sucio y de pésimo gusto. Por lo general, me agradaban los lugares así, ya que me permitían tomar fotografías tanto mentales como reales. Pero no en este lugar. Jamás pude encontrar belleza en su decadencia. Quizás porque me recordaba la ciudad-chiste en la que vivía. Un lugar sin identidad ni personalidad alguna, una ciudad carente meritos o logros, repleta de seres mediocres. Esa estación en particular, era un fiel reflejo de la ciudad que la albergaba.
Finalmente, llegó su bus, casi puntual. Blanco, de dos pisos y con unos gráficos ridículos a los laterales. La gente a mí alrededor se puso de pie, amontonándose sobre la puerta de salida de los pasajeros. Intenté mantenerme lejos. Los miré, buscando una vez más comprender que los mantiene tan despiertos y motivados. Jamás lograba entenderlo. Realmente hubiera dado todo por ser uno más, reír con sus chistes, defender sus creencias y tender naturalmente al gregarismo. Lo había intentado, pero me era imposible. Solía sentirme extranjero donde quiera que fuese.
El vidrio frontal del bus estaba sucio, repleto de restos de insectos. Al acercarme, noté en la escobilla del limpia parabrisas los restos de una enorme libélula plateada. Definitivamente mi insecto preferido. Su perfección era tal que,
no había sufrido grandes cambios en su arquitectura por muchos millones de años. La miré fijamente a unos dos metros y descubrí que no había muerto sino que estaba atrapada. Sentí un incontrolable deseo de acercarme, tomarla entre
mis dedos y sentirme a gusto con ella, pero decidí no hacerlo. Si la primera impresión que Jessica (así se hacía llamar y francamente no recuerdo su nombre real) tenia de mi, era la de un weirdo recogiendo insectos del parabrisas de un bus, mis chances de llegar a sus bragas esa noche se reducían al mínimo.
Comencé a mirar a todas y cada una de las pasajeras, no eran muchas, quizás unas diez. Seleccione tres chicas en la franja de entre veinte y veinticinco años, todas me parecían medianamente saludables y apetecibles.
Cambié por completo mi postura física, connotado interés y curiosidad leve. Pretendía mostrarme masculino, fresco y seguro. Desde ese momento yo no sería sino un espejo. Jessica recibiría la aventura que pretendía obtener y yo, a cambio, recibía una dosis de carne fresca para alimentar mi ego desvalorizado.
De entre las tres posibles afortunadas, noté que una buscaba con la mirada hacia donde yo estaba. Podría decir que
era la segunda mejor de las tres. Fue una sensación extraña, quiero decir, Jessica me había leído, conocía prácticamente cada detalle de mi vida, mientras que yo, apenas unos pocos y presuntamente falsos datos suyos
aunque, honestamente, no me importaba en lo mas mínimo.
Me envolvió con un gran abrazo. Todo parecía muy natural para ella. En un principio, me incomodó la situación. Intenté mostrarme cómodo pero, verdaderamente quería que todo esto jamás hubiera pasado. Sentí huesos frágiles bajo las yemas de mis dedos cuando recorrían su espalda. Evit é pensar en los órganos y el tejido esponjoso que contenía su cuerpo y me concentré en su perfume. Era una hermosa fragancia de invierno, algo entre canela y sándalo.
Estimo, podría ser un Fendi Teorema , aunque no estaba seguro. Fragancia ciertamente interesante pero, no para un caluroso febrero. Pensé que quizás la había elegido porque el día había sido frío en su ciudad y no tuvo en cuenta el clima local o bien, quizás usaba esa fragancia todo el tiempo sin importar que, lo cual, me resultaba profundamente irritante. Intenté no pensar en eso, porque iba a odiarla desde el principio. Tenía que aprender a controlar esos pensamientos. No podía dejar de recordar en esa hermosa libélula plateada y en la angustia que estaría padeciendo al verse atrapada en esa situación. Nos separamos. Algo de su perfume había quedado impregnado en mi ropa.
Tomé su bolso mientras la acompañaba hacia mi auto. Jessica parecía eufórica de haber llegado. Entre otras cosas, le prometí hacerla conocer infinidad de lugares interesantes de mi ciudad, aunque sabía perfectamente que eso no iba a ocurrir. En primer lugar, porque aquí no había lugares interesantes y segundo, porque luego de llegar a sus partes intimas el show abría terminado. Incluso, quizás antes.
La miré mientras subía a mi auto, tenía unas piernas realmente bonitas, un cuerpo decente y buenos senos, aunque no tan buenos. Pero lo que no estaba bien era su cabello: siempre encontré infértiles a las mujeres de pelo corto y este era el peor de los casos. Jessica llevaba su cabello rubio oscuro muy corto. La proyecté en algún punto entre fanática feminista y simpatizante de algún grupo universitario de izquierda. En ambos potenciales casos, mi rechazo seria inconmensurable.
La dejé hablar. Me comentaba sobre lo que había leído en el viaje, no recuerdo exactamente que dijo, salvo que el libro en cuestión era nada menos que “la conjura de los necios” Había una gran historia detrás de ese libro y el suicidio del autor tras múltiples intentos fallidos para publicar.
Tras su muerte, la madre de Toole se acuesta con decenas de editores hasta dar con uno que cumple su promesa y finalmente edita el material de su hijo. Poco después de publicado, Toole gana un Pulitzer póstumo por su libro. Una historia triste para un libro tan divertido.
Nos detuvimos a comer en un restaurant chino que estaba abierto las 24hs. Había un fascinante equilibro con Jessica. Por un lado, me despertaba cierto rechazo. Por otro, me mantenía atrapado bajo cierta sensualidad en sus gestos y forma de hablar. Quiero decir, la enorme mayoría de las personas hubiera calificado a Jessica de muy bonita, y ciertamente lo era, pero no ante mis ojos. Y no es que yo tuviera mucho por ofrecer, quiero decir, podría decir que no soy un ideal de belleza con mi nariz aguileña , los dientes chuecos y mi cara angulosa, pero sabia llevarlo, siempre me las ingeniaba para conseguir mujeres bonitas. Como dicen a veces, un gran número de defectos hace una personalidad.
Que hay de cierto en tus relatos? Todo es autobiográfico? — Preguntó Jessica.
Preferiría que hoy hablemos sobre las libélulas — Respondí.
Que te puede parecer interesante en una libélula? — Preguntó Jessica.
Bueno, ante todo, no decía de hablar de una, aunque podríamos, sino de todas. Creo que tienen un nombre hermoso.
Y gran parte de su belleza radica en él.
Son lindas, si. — Dijo ella.
Si pero, no hablo sobre que sean bonitas, me refiero a lo que representan. Para mi no pertenecen o no deberían pertenecer a este mundo. Son criaturas sacadas de los sueños. Su forma, su color, su fragilidad…
De verdad soñás con libélulas? — Preguntó Jessica.
No necesariamente, pero entendés a lo que me refiero. Considéralas como un icono en si mismas. Apunto a lo que representan. Son puramente mágicas... —Dije.
Son bichos que comen bichos, o la mierda que sea que coman. Es todo. Quizás te gusta su forma pero de ahí a decir que son mágicas...En fin, por que no querés hablar sobre tus relatos?
No dije que no, solo pensé que seria más interesante hablar sobre…
Sos tan bueno en la cama como decís que sos en tus textos? — Interrumpió Jessica.
Nunca dije que fuera bueno, hasta donde recuerdo. Pero hay una sola forma de comprobarlo.
Okay pero haces alarde de haber estado con muchas mujeres... —Dijo Jessica.
Cualquier subnormal medianamente instruido puede estar con muchas mujeres, no es un gran merito. Estamos en el 2003, no en 1930. El merito es querer estar con ellas...
Jessica se rió. Estuviste con muchas chicas? —Preguntó.
Siempre me gustaron los eufemismos — Dije. Y "estuviste “es uno de los mejores.
Okay, se la metiste a muchas mujeres? — Preguntó Jessica riendo.
Eso si fue directo. — Dije. Por cierto, sabias que pronto se cumplen 150 años del nacimiento de Vincent van Gogh?
Si, algo había leído. Que mierda tiene que ver? Te gustan sus cuadros o algo así?
No realmente, pero creo en el. — Dije. Aunque realmente si me gustaban.
En que sentido?
Insisto, hablemos de las libélulas o del clima, o de vos. En ese orden.
No quiero! — Dijo Jessica. Hablemos sobre...
Tengo que ir al toilette — Interrumpí.
El baño era un lugar pequeño, mal iluminado y levemente mal oliente.
Comencé a orinar, sin levantar la tapa del inodoro. Las pocas veces que la levantaba en un lugar publico lo hacia usando la punta de mis zapato. Me daba un asco infinito incluso tocar la puerta, por lo que tuve que abrirla usando la manga. El lugar me daba tanto asco que decidí orinarlo deliberadamente, tanto en la pared, el cesto de basura y la tabla. Me importaba realmente poco quien viniera después. Hubiera orinado el rollo de papel higiénico pero no había ninguno así que simplemente volví a abrir la puerta usando mi manga, y volví a la mesa.
Que tal la comida? Se ve interesante tu plato. — Pregunté.
Si, me encanta. El lugar se ve un tanto apagado, pero cocinan bien... — Dijo Jessica.
Bueno, verdaderamente la comida china no tiene mucha ciencia, es bastante simple...
Vamos a tomar unas copas por ahí antes de ir a tu casa? — Preguntó Jessica.
Sin dudas, me encantaría. — Dije. Se de un lugar que podría gustarte mucho.
Aunque verdaderamente todo lo que quería era un poco de cafeína, un chocolate amargo y quizás un poco de soledad.
Cuando finalmente llegamos a mi departamento, justo antes de ingresar con el auto en el garaje subterráneo, sentí su mano en mi pierna, recuerdo que me dijo algo sobre tomar una ducha caliente antes de dormir. Pensé en eso. No eran todas las duchas calientes acaso? Que clase de chiflado tome duchas frías? Mientras bajaba su bolso del baúl del auto, volví a mirar su cabello y supe que no tendría contacto alguno con ella. Quiero decir, no descartaba la posibilidad pero verdaderamente no iba a generar situación alguna. La imagine con un vestido blanco y una larga cabellera rubia, sentada sobre el césped recién cortado de un campo de golf en desuso. Podría llegar a considerarlo en un caso así.
Por algún motivo, el cabello de una mujer se había transformado en un filtro para mi. Tanto en sus formas, gracia y color.
Me gustó que le agrade tanto mi departamento. No era todo lo grande que yo quería, pero la decoración estaba milimétricamente cuidada, tanto en sus líneas como la proporción de sus colores. Le di mi bata de baño negra, preparé
la ducha y la invité a pasar cuando quisiera. Mientras ella se desvestía, fui a regular la temperatura de la habitación. Minutos después, no puse resistir la curiosidad de entrar al baño mientras se duchaba. Al entrar, noté una pila de ropa sobre el bidet. Entre sus prendas estaban sus panties negras. Bajé la tapa del inodoro y me senté en el con una Colors Magazine de Benneton, dedicada a exponer diferentes puntos de vista sobre que era el paraíso. Todo fue muy natural. Comencé a leerle unos párrafos. Mientras lo hacia, admiraba su figura atreves de la empañada mampara de vidrio.
Tenía hermosas curvas. Se asomó y con un poco de shampoo en la cabeza y me pidió una toalla. Sin mirar en forma directa, pude notar que estaba completamente depilada. Un punto a su favor.
En cierto modo, su actitud tan liberal me generaba rechazo. No se suponía que una mujer actuaría así con un pseudo desconocido. Sentí grandes deseos de haber estado lo suficientemente chiflado como para reducir su cuerpo a cinco o seis piezas que pudieran entrar cómodamente en cajas de zapatos. Imaginé un bisturí helado dando pinceladas suaves sobre sus muslos blancos casi en cámara lenta.
Comencé a leerle algunos párrafos de la revista. No se si le interesaba. A mi tampoco me importaba pero era parte del juego: ”El Paraíso es vivir bajo el agua sin tanque de oxigeno”, “Paraíso es tener una maquina de café express Italiana en la mesita de luz”, “Es un ticket aéreo solo idea a New York” , “Es conducir una Vespa '58 en un día de sol” , “Es el olor de las sabanas donde durmió mi novia”. Me detuve a observar una imagen de un hombre vestido con traje en el fondo del mar. Era una imagen bellísima y llena de gracia. En que pensás? — Preguntó ella.
En vos. Pensaba en que sos más bonita de lo que imaginaba. — Aunque en verdad pensaba en que estaría haciendo mi ex novia. No podía quitarme esa mujer de mi mente. Quería creer que no la extrañaba pero cada día, cada noche, cada tarde esperaba un llamado que jamás llegaría.
Como me imaginabas? — Preguntó Jessica mientras usaba mi toalla roja para secar su pelo infértil.
Bueno, no sé, quizás pensaba que eras como la mayoría de las mujeres que escriben,
quiero decir, cuerpos descuidados, poco color en la cara, olor a tabaco, ya sabés...
Si, te entiendo. Pasa lo mismo con muchos tipos que escriben. Se creen un papel, se hacen los underground y la juegan de zurdos, toda esa basura. – Dijo Jessica.
Detesto esa gente. Incluso más de lo que ya detesto al resto. —Comenté .
Ella se rió. Se acerco a mi. Olía a shampoo y jabón. Me dio un beso suave. Sentí sus labios húmedos resbalando sobre los míos. Fue agradable. Salimos del baño.
Vos, como me imaginabas? —Pregunt é .
No dejas mucho librado a la imaginación en tus textos. Una tiene una imagen clara de cómo es la garganta del lobo. De todos modos, hubiera jurado que encontraría un bipolar solitario, egocéntrico en extremo, un tipo sin sentimientos. Pero me encuentro un chico bien, levemente chiflado, que pretende actuar como si le gustara estar vivo. Me da la impresión que no te gusto mucho. Es así?
Sos atractiva. —Dije. Aunque de todos modos, lo mío no entra tanto por lo visual sino por el como
me siento. — Respondí.
Si pero, lo físico es importante. Si en las fotos que vi de su website no me parecieras atractivo, no vendría aquí a pasar unas noches con vos, esa es la verdad. Quiero decir, pese o no algo entre nosotros. Pero las fotos fueron el primer filtro. —Dijo Jessica.
Te entiendo. Mirá, si te faltaran las piernas o un oso polar te hubiera comido la mitad de la cara no me atrevería siquiera a imaginarte en mi cama, pero dentro de parámetros normales, valoro más los extras. Se entiende el punto?
Dentro de esos parámetros normales, me imaginas en tu cama? Por que no en otro escenario?
No se, supongo es un preset pensar en una cama. Alguna idea interesante?
Terraza? —Sugirió Jessica.
Por que no en el auto, dentro de la cochera? —Pregunté
Que tal en ambos? —Dijo riendo Jessica. Tenés vino? Entremos en clima lentamente. — Dijo ella.
Vamos a la cocina. Tengo vodka en el congelador y varias botellas de Baileys en la heladera.
Dejemos la luz apagada. — Dijo ella.
Dejemos entornada la heladera — Dije yo. La cocina se ilumino con una luz que no da brillos ni tonalidades.
Tan solo permite distinguir algunas formas y los tonos básicos.
Estaba en un punto irreversible. Iba a tener que acostarme con ella y verdaderamente no lo deseaba. No había tenido sexo en varios meses, no porque no tuviera candidatas disponibles sino porque después de terminar con mi ex,
me sentía absolutamente asexuado y ajeno. Saqu é una botella de Grey Goose del congelador. Tomé dos vasos chicos
y comencé a servirlo. Jessica me tomo por la espalda, apoyando ambas manos en mi cadera. Luego introdujo ambas manos en los bolsillos frontales de mi jean. Seguí sirviendo. Pensé en lo genial que seria poder volverme hacia ella con la cara completamente quemada y llena de horribles cicatrices. Me hubiera gustado ver su expresión. Nos besamos. Sentí casi de inmediato su lengua. Me separe unos centímetros. Sin mirarla le dije que no usara la lengua tan pronto
de ese modo. Me resultaba de increíble mal gusto que no supiera esperar el momento adecuado para ello.
Escuch é encender el motor de la heladera. Roc é su cara suavemente con la punta de mis dedos, luego, pase a los senos. Primero rodeándolos lentamente, realizando un pseudo espiral. Llev é mis manos a su espalda, por dentro de su ropa. Evite pensar en huesos y órganos pero me fue imposible.
De verdad te parezco atractiva? — Preguntó Jessica.
Me pareces muy bonita. — Susurré .
A ver que tan cierto es? — Dijo Jessica tomándome con su mano derecha de los genitales.
Para ese punto, tenía una erección moderada. Cuando entendí que Jessica iba a chupármela ahí mismo, después
de tantos meses sin tener sexo, sentí como mi espalda se descontracturaba . Estaba comenzando a sentirme alpha nuevamente. Volvía a mi verdadero yo.
Not é que intentaba abrir mi jean como si tuviera un cierre pero no lo tenía. Lo mió era jeans con botones.
Comenzó a hacer fuerza pero eso no iba a funcionar. Así que yo mismo abrí los botones casi de un golpe. Estir é mi mano izquierda y tom é la botella de vodka. Le di un trago largo.
No era mi estilo pero lo necesitaba. Lo siguiente que recuerdo es el contacto de sus labios tibios con la punta de mi pene. Sentí su respiración agitada. Acarici é su cabello infértil suavemente y realic é una leve e imperceptible presión
con ambos dedos índice y medio, buscando no controlar sino, marcar el ritmo. Cerré los ojos e imagin é que Jessica en realidad era la chica que me vendía café molido cada domingo en la tarde. Una rubia de ojos verdes, de unos veinte años. Siempre masticaba un chicle con la boca abierta. Parecía levemente sucia y dejada. Su cabello era abundante, largo y algo sucio, casi sin brillo. Mientras Jessica me lo hacia, fantaseaba que hundía mis dedos en aquella cabellera dorada. Lo mas sexy de la vendedora de café era que fuera tan desprolija. Me hubiera encantado tener un affair con
ella y dejarle un varón pálido de genes sanos que criar. Podía verla sobre el mostrador de madera, con los pantalones azules de trabajo bajos hasta las rodillas, las piernas temblorosas, el pelo rubio revuelto y el semen goteando sobre sus bragas blancas levemente amarillentas de roce. Jessica estaba haciéndolo bien, aunque después de varios meses sin sexo casi cualquier mujer parece hacerlo bien. Comencé a especular si me permitiría terminar en su boca o, incluso mejor, si tragaría el semen. Mi ex, normalmente, no quería que terminara en su boca, salvo cuando estaba levemente borracha.
Lo poco que conocía de Jessica me hacia pensar que iba a tragarse hasta la ultima gota, pero justo cuando
imaginaba que me lo hacia mi ex, Jessica se detuvo. Se incorpor ó , con la mandíbula levemente entreabierta.
La tomé de la cintura y la gir é hacia la mesada, poniéndola de espaldas a mí. Le quit é las bragas lentamente, dejándolas caer sobre sus pies. La toqu é y descubrí que estaba notoriamente húmeda así que, luego de un breve jugueteó con la punta del pene sobre la entrada de su vagina, la penetre profundamente. Jessica dio un chillido seco.
La tom é de los senos mientras la embestía una y otra vez. Tom é otro trago de vodka, directo de la botella.
Quería acabar en lo má s profundo de su vulva para luego verla correr al bañó mientras el semen se desbordaba y caía por sus piernas. El aire olía a sexo. La tom é con mi mano derecha del hombro y comencé a hacerlo más y mas fuerte. En este punto, sabia que estaba siendo poco delicado para con ella. Sentí claramente como la punta de mi pene tocaba lo que supongo es el fin de la vagina y el comienzo de algo. Jessica comenzó a gritar. Tenia el completo control de la situación, la embestía salvajemente y en verdad deseaba ver algo de sangre al sacar mi pene.
No tenia idea si ella tomaba anticonceptivos, pero no me importaba. Estaba seguro que tarde o temprano iba a ser rico. Podía mantener tantos hijos ilegítimos como quisiera o bien, dejarlos morir de hambre si no lo lograba. De una forma u otra acab é en lo más profundo de ella, llenándola completamente. Sentí sus músculos vaginales contraerse una y otra vez.
Me tiemblan las piernas. Coges como un hijo de puta de bien. Me hiciste mierda, pero me gustó .
Estoy chorreando semen, tengo que ir al baño. Me das un beso? —Dijo Jessica.
Uno busca algo que decir luego de un momento así, pero no tenia ganas de decir nada. Así que la bes é fríamente y
me quedé simplemente ahí parado.
Escuch é como usaba el bidet. Estuvo ahí dentro un rato largo, lavándose la concha supongo.
Me mir é . Estaba levemente alcoholizado, con las piernas peludas y el pene volviendo a su estado natural. Saqu é de la heladera un Tropicana naranja. Tenia 27 años, ganaba varios miles de dólares al mes con internet, jugaba a ser escritor y tenia claro que quería en mi vida. En ese mismo instante supe cuanto deseaba que Jessica se fuera. No era ella con quien quería estar sino con mi ex. No sabía que era lo que me atraía de aquella rubia ingenua nacida en el interior del país. Quizás sus genes germánicos, quizás su inocencia o el simple hecho de que fuera mi primer amor.
Comencé a pensar que estaría haciendo y sentí deseos de llamarla por teléfono, pero eran pasadas las cuatro de la mañana. No había mucho que pudiera hacer, Jessica no se iba a ir y mi ex no tenía la más remota intención de volver conmigo. Llené medio vaso con Tropicana y completé la otra mitad con lo que quedaba de Grey Goose. Sentía una profunda angustia desde hacia meses. Estuve a punto de preparar otro para ella pero me importo poco.
Fui hacia el living-room y me senté en mi sillón blanco, sintiéndome a cientos de miles de kilómetros del ser humano más cercano. Contempl é la noche pasando incoherente por la ventana y me vi parcialmente reflejado en el vidrio. En ese instante supe claramente que seguiría atrapado, al igual que aquella libélula plateada que tanto me gustaba, bajo una profunda angustia por un largo período de tiempo.
Pablo Kersz
http://www.kersz.com/weirdo.htm
Relatos Cortos
relatos cortos, poemas, minimalismo, realismo, literatura, relatos eroticos, charles bukowski, raymond carver, henry miller, john fante, pablo kersz, poemas
Sunday, May 18, 2008
The Weirdo
Saturday, January 05, 2008
pequeña roca plateada
Soy una pequeña roca plateadaque alguien arrojo al mar,cayendo solitaria hacia lo mas profundo del fondo oceanico.Cada vez mas frio, cada vez mas oscuro.
No propongo resistencia alguna.Este es y siempre fue, mi verdadero destino.Simplemente me dejo llevar, hacia donde ahora realmente debo estar.
No soy mas que una pequeña roca cansada que fue feliz por un dia o dos,mientras tuvo tu calor, mientras tuvo tu luz.
Estoy llegando al fin de un estrecho camino azul profundo, lleno de asperos silencios yangustias indescriptibles. Y un dia, cercano, nadie recordara siquiera la existencia de esta pequeña roca plateada,que descanza ahora, junto a muchas otras, que el mundo hace tiempo olvido.
Thursday, August 16, 2007
Cien Mil Catedrales
De tanto en tanto, sueño con medusas enormes que flotan a mi alrededor, suspendidas con mucha elegancia por donde quiera que mire. No me generan temor alguno, por contrario,
me hacen sentir muy a gusto.
Todo sucede dentro de una caverna oceánica, tan estrecha como oscura, de paredes suaves color azul noche.
Se, que no hay ni hubo otro ser humano en este lugar, donde el aire es helado y seco. Y si bien no hay sonido alguno, suena en mi mente una melodía generada por cien mil catedrales: una canción muy extraña que intimidaría a casi cualquier persona, pero verdaderamente no a mi. No ahí.
Y aunque intento no pensarlo, la luz de las medusas es mi única separación con la oscuridad absoluta.
Siento que hace siglos estoy ahi y, aunque quizás realmente exista una salida, no tengo la más remota
intención de separarme de ellas y su luz, jamás.
pablo kersz
cien mil catedrales
Friday, December 01, 2006
Friday, November 03, 2006
The Genius Of The Crowd - Charles Bukowski
there is enough treachery, hatred violence absurdity in the average
human being to supply any given army on any given day
and the best at murder are those who preach against it
and the best at hate are those who preach love
and the best at war finally are those who preach peace
those who preach god, need god
those who preach peace do not have peace
those who preach peace do not have love
beware the preachers
beware the knowers
beware those who are always reading books
beware those who either detest poverty
or are proud of it
beware those quick to praise
for they need praise in return
beware those who are quick to censor
they are afraid of what they do not know
beware those who seek constant crowds for
they are nothing alone
beware the average man the average woman
beware their love, their love is average
seeks average
but there is genius in their hatred
there is enough genius in their hatred to kill you
to kill anybody
not wanting solitude
not understanding solitude
they will attempt to destroy anything
that differs from their own
not being able to create art
they will not understand art
they will consider their failure as creators
only as a failure of the world
not being able to love fully
they will believe your love incomplete
and then they will hate you
and their hatred will be perfect
like a shining diamond
like a knife
like a mountain
like a tiger
like hemlock
their finest art
Saturday, October 14, 2006
komodo dragon blend
Terminaba la segunda página del primer relato cuando un sujeto de pelo graso e inexpresivos ojos verdes eligió sentarse a mi lado, teniendo disponibles decenas de otros asientos. Lo miré, todavía con el último párrafo leído en mente y recibí un tímido saludo de sus cejas. Le respondí de igual manera y volví a Carver pero, la conexión se había ido.
Noté como pelo graso intentaba torpemente desabrochar el cordón de su zapato derecho. No sabía exactamente trataba de hacer, pero me resultaba irritante. Cerré mi libro, lo guardé junto al otro y caminé directo hacia el Starbucks que tenia a mis espaldas.
Miré a la cajera. Parecía triste. Tenía un prendedor en su pecho que decía ´Brenda´. Siempre sospeché que esos eran nombres falsos, seleccionados meticulosamente por la empresa para transmitir confianza y amabilidad a los clientes.
Brenda notó que la miraba e inmediatamente simulé prestar atención al cartel luminoso sobre su cabeza, donde estaban las distintas opciones. Pedí un “Komodo Dragon Blend” solo porque sonaba interesante. Luego, volví a pensar en la ella. Su vida consistía en servirle café a cientos de personas que, mayormente, jamás volvería a ver. Cafés bebidos aquí y orinados a miles
de kilómetros.
Me tomó algunos segundos entender a cuantos dólares equivalían 44.580 pesos mexicanos. Eran apenas cuatro. Me dijo que no podía darme el cambio en dólares sino en moneda local, por lo que le dije que podía conservar esa pila de monedas inservibles.
Caminé hacia una de las ventanas del aeropuerto con el café en la mano y vi como un pequeño tractor blanco remolcaba un enorme avión de Air France. Me pegué al vidrio y, de espaldas a todo el mundo, probé mi Komodo Dragon Blend.
La primera impresión fue un predominante sabor a ceniza de cigarrillo. Volví a probar, esperando encontrar algo mejor al segundo intento. Ahora no solo parecía ceniza de cigarrillo, sino que además era seco y amargo. Miré el envase, dije ¨Komodo Dragon Blend¨ en voz alta, pero sin que nadie pudiera escucharlo. Me fascinaba ese nombre, pero sabía a rayos.
El avión de Air France había desaparecido en la oscuridad de la noche, al igual que mis cuatro dólares. Pronto amanecería.
Me vi reflejado en el vidrio y pensé en como habían cambiado las cosas con el pasar de los últimos años. Nunca antes había imaginado conocer tantos lugares y personas interesantes. Volví a pensar en el café y en que hacer con el. No estaba seguro sobre si podía tirar un envase grande lleno de liquido en un cesto de basura sin que se derramara por debajo, manchando la alfombra y demás. Caminé hacia unas mesitas cerca de los asientos y fue entonces cuando logré ver al tipo de pelo graso con el puño metido dentro de la media, hasta la altura de la planta del pie. Uno podía ver la silueta de su mano subiendo y bajando dentro de la media. Se estaba rascando la planta del pie. Miré a pocos presentes pero, nadie le prestaba atención. Si nadie notaba eso, mucho menos notarían como yo abandonaba mi café sobre una mesa.
Me senté en una zona alejada, tomé la cámara de fotos de mi bolso y comencé a revisar algunas de las muchas tomas que había disparado en los últimos diez días, aunque ya lo había hecho infinidad de veces. Tenía varias ganadoras ahí dentro, aunque suponía lograr mejores en Santiago de Chile.
Apenas amanecía cuando finalmente tomé mi vuelo. Recordé que alguien me había dicho que, no importaba cuanto había viajado en avión previamente, siempre le transpiraban las manos al despegar. Miré las mías, y estaban secas. Me sentí a gusto con eso. Luego, lo de siempre: pequeñas casas, nubes, más nubes y algo de ciudad y entonces solo nubes.
Incliné levemente mi asiento hacia atrás e intente dormir un poco.
Me sorprendió lo que escuchaba: Una voz femenina preguntaba repetidamente ¨huevos o empanadas. Abrí los ojos de inmediato para saber de que se trataba. No era otra cosa que el desayuno, al estilo Mexicano. Como comía uno huevos o empanadas a las 6:30 a.m.? No estaba de acuerdo con el menú pero tenia hambre. Pedí huevos revueltos y un café. Pero a último momento pensé que quizás el café iba a ser pésimo así que lo cambié por una Coca Cola con hielo. A mi lado, un tipo miraba estadísticas en su notebook. Me sentí afortunado de no ser el.
Apenas eran las 3 p.m. cuando llegué al hotel en Santiago de Chile. Me duché y me metí en la cama. Me sentí algo ridículo acostándome a esta hora, pero realmente lo necesitaba. Me dormí casi de inmediato. Cerca de las ocho de la noche, me vestí con la poca ropa no arrugada que tenia en mi bolso y salí a la calle. Llevaba, como de costumbre, una delgada cámara pocket en el bolsillo trasero del jean.
Hacia frió, la gente era fea y lo que veía en general no era tan bueno como había pensado.
Me detuve en un restaurant chino. Apenas podía uno ver hacia dentro desde la calle. Me asomé por una pequeña ventana y descubrí un lugar triste y poco iluminado. Un tipo me miraba. Pensé en entrar, comer algo e intentar tomar algunas fotografías rápidas de los cocineros chinos si es que eso eran, pero sentí que no era realmente el día.
Dos cuadras después, descubrí una suerte de night club elegante. Entré y me senté junto a la barra. Pedí un Martini y maní japonés, pero no había maní japonés. De hecho, ni siquiera había maní así que tomé mi bebida mientras miraba a las chicas del lugar. De entre todas las presentes, solo una me resultaba apetecible. Parecía de Europa del Este. Hablamos un poco, cosas superfluas. Pretendíamos ser simpáticos pero ambos mentíamos. A quien le importaba? ella solo quería mis 50 dólares y yo solo quería su trasero blanco, firme y tibio para romper la monotonía de mi habitación. Una vez en la calle, caminamos en silencio hacia mi hotel. Sus tacos retumbaban en toda la cuadra.
Miré casi desinteresadamente sus piernas y trasero.Se veían particularmente atractivos. Vestía una camisa blanca entallada, bajo la cual podía notarse un firme pero moderado busto. Buscaba algo inteligente que decir pero, quería que fuese ella quien lo hiciera. Su silencio me incomodaba. En cierto modo, ya no tenia tanto interés en ella pero, sabia que íbamos a hacerlo de todas formas. Planeaba comenzar la noche viéndola realizar distintas posturas eróticas, a modo de show personal.
Inicialmente, solo vestiría sus medias de lycra y la ropa interior negra que dijo llevar. Yo estaría en un sillón, sentado con estilo, completamente relajado. Quizás la vería también tomar una ducha con las medias puestas, no me importaba pagar extra por ello.
Estaba incluso a punto de considerar tomar un baño con ella cuando fue entonces, en ese instante, que todo se detuvo. Un golpe seco que provenía de la vereda de enfrente me paralizó. Supe de inmediato de que se trataba, incluso, sin necesidad de mirar. Ella, sobresaltada, giró y miró la escena. Emitió un grito apagado y cruzó la calle corriendo. Sus tacos sonaron más intensos que nunca pero, se detuvo casi tan pronto como entendió lo que veía.
Preferí quedarme donde estaba.
Un cuerpo inmóvil, de contextura mediana, yacía en la acera. Parecía ser una mujer adulta. Estaba boca abajo y una de las piernas estaba doblada irritantemente hacia delante, casi tocando su cara. Miré hacia arriba, esperando ver algo, pero no vi absolutamente nada. Ni una luz prendida, ni cortinas flameando en un balcón, nada. Un perro callejero que husmeaba entre las bolsas de basura, se aproximó a olfatear el cuerpo. Luego, siguió su camino.
Trasero rentado se volvió hacia mi, hacia mis brazos, profundamente angustiada. Las lagrimas habían brotado de sus ojos, dejado surcos negros de maquillaje sobre su piel blanca.
-Que se supone que tenemos que hacer ahora? -dijo ella, con una voz mínima.
-No lo sé, realmente no lo sé. -dije. Mientras notaba como el aire frió y la crueldad de la noche nos conectaban ahora, más que nunca.
Raymond Carver
Raymond Clevie Carver, Jr. (25 de mayo, 1938 — 2 de agosto, 1988), escritor estadounidense.Carver nació en Clatskanie, Oregon y creció en Yakima, Washington. Durante algún tiempo, Carver estudió con el autor John Gardner en la Facultad Chico State en Chico, California. Ha publicado un sinnúmero de relatos en revistas y periódicos, incluyendo el New Yorker y Esquire, relatos que narran la vida de obreros, gente de las clases desfavorecidas de la sociedad de su país. Sus historias han sido incluidas en algunas de las más prestigiosas compilaciones estadounidenses: Best American Short Stories y O. Henry Prize Stories.Carver estuvo casado dos veces. Su segunda mujer fue la poeta Tess Galagher. Alcohólico, cuyos efectos se manifiestan en algunos de sus personajes, Carver permaneció sobrio los últimos diez años de su vida. Era un gran amigo de Tobias Wolf y de Richard Ford. En 1988, fue investido a la Academia Americana de Artes y Letras.Los críticos asocian los escritos de Carver al minimalismo y le consideran el padre del realismo sucio. En la época de su muerte Carver era considerado un escritor de moda, un icono que América "no podría darse el lujo de perder", según Richar Gottlieb, entonces editor de New Yorker. Sin duda era su mejor cuentista, quizá el mejor del siglo junto a Chéjov. Carver murió en Port Angeles, Washington, a los 50 años de edad.
fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Raymond_Carver
Friday, August 18, 2006
Crysthal
Me gusta quedarme tendido sobre la alfombra, muy cerca de la ventana, ya pasada la medianoche, con algunos nocturnos apenas sonando y pensar, mientras miro fijamente en sus manchas, que nunca podré visitarla y menos aún, vivir en ella. Aún asi, me imagino bajo una gran burbuja de cristal, sentado sobre alguna roca, en medio de un lago sintetico de un color azul muy profundo. Estaria rodeado de un sembrado muy verde que cultivaria junto a un selecto puñado de fértiles y jovenes virgenes, con las que viviría en perfecta armonía, en el cráter más hermosoque contenga la luna.Habría algunas reglas, claro, pero serían pocas: Quedarían atrás las religiones, la moral e incluso las costumbres. Intentaríamos evitar hablar, salvo que fuese necesario. Nos regiríamos por nuestros deseos en el momento exactoen el que ocurren y tendríamos un lugar especial donde dormir, con mucho algodón, exquisitas fragancias y formas suaves. Y las chicas serán delicadas, frescas y suaves. Y ya no habrá por qué preocuparse.
Crysthal
Pablo Kersz
Pablo Kersz @ New York City - Fotografia

Sin dudas, la ciudad mas interesante y autentica que conoci. Interesantisimas fusiones de estética, proporción, consumo, mugre culture y crueldad en un radio de 3 kilómetros.
Una ciudad a la que siempre regreso y espero, algun dia, vivir ahi unos cuantos meses.
Para esa epoca, tenia una valija realmente chica y mi viaje era de casi 20 dias. (new york > toronto canada, burlington canda > atlanta > buenos aires. Solo pude meter una limitada cantidad de ropa. Y como es sabido, la ropa de abrigo ocupa muchisimo lugar asi que en verdad, casi no tenia variedad o cambios.
Pero el mayor problema fue cuando descubri que solo tenia un par de zapataillas (unas puma sin camara de aire ni ninguna comodidad. Solo una pequeña suela.
Los primeros dias en new york fueron de lluvia, y la temperatura mas alta fue de 8 grados. Pero de todas formas, cada dia y cada noche sali con lo puesto (ropa humeda mayormente) a explorar y fotografiar tanto como pude. Mis pies me dolian enormemente y no lograba secar esas puma durante lo poco que dormia cada noche. Igualmente, volveria a hacer el mismo viaje descalzo, es una ciudad increible de conocer.



PÁJARO AZUL - Charles Bukowski
hay un pájaro azul en mi corazón quequiere salirpero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voya permitir que nadiete vea
.hay un pájaro azul en mi corazón quequiere salirpero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos, y las putas y los camarerosy los dependientes de ultramarinosnunca se
dan cuentade que esté ahí dentro hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salirpero soy duro con él,le digo quédate ahí abajo, ¿es que quiereshacerme un lío?¿es que quieres mis obras?¿es que quieres que se hundan las ventas de mis librosen Europa?
hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la nochecuando todo el mundo duerme.le digo ya sé que estás ahí, no te pongas triste. luego lo vuelvo a introducir,y él canta un poquito ahí dentro, no le he dejado
morir del todoy dormimos juntosasí con nuestro pacto secreto y es tan tierno como
para hacer llorara un hombre, pero yo nolloro, ¿lloras tú?
Charles Bukowski
Fotografia - Escalera Mecanica Rio de Janeiro
marzo 2005 / Rio de Janeiro.
Chistes Coreanos - Relato
En los intervalos donde no podía escribir algo digno solía hacer música electrónica.Y cuando no lograba darle la suficiente disciplina a un sonido para convertirlo en lo que quería,buscaba en discos viejos algunos fragmentos que pudieran servir, más tarde, para armar nuevos temas.
Inclusive pasaba algún tiempo leyendo: Nietzsche, Miller, Fante, Bukowski, Kafka y en ocasiones era sólo tenderme en el piso, en plena oscuridad, apoyando mi cabeza sobre un gran almohadón ubicado entre unos parlantes y sencillamente cerraba los ojos y me dejaba llevar con Tchaikovsky, Mozart o algo de jazz, pero sin duda, nada superaba a los nocturnos de Chopin. De una forma u otra creo haber pasado despierto todas las noches del año, salvo un par de excepciones, y la noche era, para mí, el mejor momento del día.
Pero al llegar el amanecer, cerca de las 5:30 a.m., sabía que era hora de acostarme. Esa transición noche-día me deprimía. No era el sonido insistente de los pájaros nada más, ni el ver pasar el cielo de negro y plateado a un celeste frío muy similar al de las tardes de domingo, y no eran tampoco las bocinas hablando por todos ellos allá abajo o escuchar el sonido imposible de los despertadores de mis vecinos traspasando las paredes de sus almas y las de mi casa. Puede que fuera todo eso en conjunto o el fin de la noche nada más.Entonces me acostaba y dormía simplemente hasta que despertaba, y eso solía pasar cerca de las 2:30 p.m., siempre que recordara apagar el teléfono y bajar el volumen a cero en el contestador.
Una mañana en la que había olvidado hacerlo sonó el teléfono y por algún motivo me levanté para atenderlo. Creo que podría decir que me desperté cuando ya me había parado, y ahí, frente al teléfono sonando incomprensiblemente pensé: "¡No tengo por qué hacer esto!" Lo dejé sonar cuatro veces con la mano apoyada sobre el aparato, casi a punto de atender, pensando en quién sería. Al final aclaré la garganta y atendí.-Buen día, soy Mary Greenberg y le hablo de Vital S.A. -dijo una mujer- ¿Con quién tengo el gusto de hablar?-Eh… Josh -dije, y pude ver en mi pequeño reloj despertador gris, el cual rara vez había usado, que eran las 10:24 a.m. Era un lindo reloj. Me vi en el espejo de la puerta del baño: barba de 4 días, pelo parado, los ojos casi pegados, desnudo y con el vientre hinchado de orina.-Sr. Josh, ¿tiene usted actualmente algún plan de salud?-No. No tengo ningún plan de salud. -Pero… ¿no piensa usted que podría pasarle algo? Pensé en cortar, pero me gustaban las preguntas estúpidas.Me senté en la cama mientras hablaba. Seguía mirándome en el espejo.-¿Algo? ¿Como qué?-¡Una emergencia médica! ¿Qué edad tiene, Josh?-Veinticinco. -Ah, muy joven… ¿puedo preguntar con quién vive?-Solo. Por ahora vivo solo. Puede tutearme, si lo desea.-Gracias. ¿Josh, no tenés un plan de salud? Tengo que mostrarte los planes que tenemos. Son muy económicos… ¿Trabajás, estudiás? -preguntó Mary. Para la mayoría, todo lo que un ser humano hace se remite a esas dos funciones básicas: estudio/ trabajo, incluso ambas están tan relacionadas que son casi una misma actividad. Estuve cerca de decir cualquier otra cosa: lavacopas, mecánico, policía, ascensorista, lustrabotas, pero me gustaba la voz de la mujer. -Escribo relatos. -dije, y me sentí estúpido al decirlo.-¿Escritor? -preguntó- ¿Y sobre qué temas escribís? -Mmhh… a veces sobre mujeres, otras sobre mí, no sé…-¿Algo publicado?-Poca cosa.-A mí me gusta Poe. -dijo. Todos leen a Poe. Y hacen bien, pensé. -El escarabajo de oro, El corazón delator, El gato negro…-Mary nombró varios de Poe, los clásicos. No dije nada.-¿Qué tal si paso por tu casa y charlamos sobre los planes de salud?-Mire, la verdad no me interesan…-Sólo serán unos minutos y, entre nosotros, siempre quise conocer a un escritor. Imagino que son personas intrigantes. -dijo poniendo cierta falsa pasión a las palabras.-Bueno, puede que algunos lo sean.
Escuché como mis vecinos estaban discutiendo de nuevo. Ya no me afectaba tanto su media hora diaria de batalla oral y ruidos violentos como al principio. "¡Te voy a matar mierda!" gritó una mujer. Después hubo un ruido similar a madera chocando con el piso, más gritos y ruido por un rato. Todo terminaba generalmente con un portazo violento. Le di mi dirección y corté. Pensé en meterme en la cama y antes de hacerlo me detuve a verla: estaba completamente revuelta, como si hubiera habido algo de acción, pero hacía tiempo que no la había. Intenté volver a dormir, pero ya no pude y pensé entonces en algo para hacer en el día.
Fui a ver qué había de comer. Sólo quedaba una pechuga de pollo. Bueno, me gustaba el pollo.Entonces me vestí y fui al supermercado coreano, donde compré dos morrones y una cebolla, una Coca-Cola grande y también una botella de Dr. G Vodka y Limón y otra de Martini Bianco.El personal del supermercado coreano era, por supuesto, coreano y nunca se entendía lo que decían. No sólo hablaban rápido, sino que casi no gesticulaban, por lo que era imposible deducir sus diálogos. Sonaba extraño cuando contaban chistes, si es que eran chistes, ya que solo me enteraba cuando ambos reían fuerte. Hasta sus risas eran extrañas, ya que murmuraban pequeñas palabras incomprensibles en ellas. No tenía hambre, así que sólo comí unas tostadas con café en el balcón. Miraba las nubes. Había muchas, pero no sobre donde yo estaba, sino todo alrededor. Como un gran anillo. Una de las nubes tenía forma de King-Kong arrastrando una bolsa. Apenas había terminado mis tostadas cuando una abeja se paró en mi muslo. Pasó un buen rato ahí batiendo las alas y sacudiéndose. Me quedé absolutamente quieto, con la taza de café caliente en la mano, sin moverme, mirando su danza amarilla y negra. Después de un rato se fue tal como llegó. Me sentí más relajado. La nube de King-Kong ya no era igual, ahora no tenía la bolsa y parecía un poco más larga.
Mary no fue puntual. Llegó quince minutos pasadas las siete. Fue muy suave con el timbre, eso me gustó. Fue un toque breve, tan breve que no estuve seguro si había sonado. Los que fabrican timbres no saben lo cruel que puede ser aquel sonido cuando se está completamente relajado. Me había afeitado y peinado para la ocasión, pero tratando que pareciera algo casual. Bajé en el ascensor junto a mi joven vecina. Ella tendría unos 16 años, rubia, lindas piernas. Una ves discutí con su padre por el volumen de la música y desde entonces nadie en su familia me saludaba salvo ella. Creo que yo le gustaba. -Me gusta tu perfume. -dijo. -¿Sí?-Sí -dijo ella-. ¿Es One de Calvin Klein?-Ajá. Algún día te voy a regalar uno. -mentí. Vi a Mary por el vidrio espejado de la entrada al edificio, mientras me acercaba a abrirle. Cuarenta años, pelo oscuro, un metro setenta, buenas piernas, salvo las rodillas que parecían arrugadas. Tenía una carpeta en la mano derecha, supongo que simulaba, pero estaba leyendo algo en esas hojas. La miré mejor, había algo fascinante en su cara, tenía la dosis de encanto que todos necesitan para tener una auténtica cara. No era un rostro más, con ojos embutidos ahí dentro. Mary tenía encanto. Además sus senos parecían aceptables.
-¿Mary? -pregunté al abrir.-Josh, ¿cómo estás? No te imaginaba así… -¿Así cómo? -No parecés escritor, es decir, no tenés el estereotipo de escritor.-¿Ah, no? ¿Y cómo te imaginabas que era? -pregunté-No sé, más desaliñado, con cara de chiflado.Sonreí. No sabía si eso era bueno o malo, así que sonreír era una buena respuesta a cualquiera de las dos cosas.Entramos al departamento después de haber estado callados en el ascensor. Sin hacer comentario alguno se sentó en una de las únicas dos sillas que yo tenía. -Bueno, te cuento sobre los planes de salud: Vital S.A. tiene una gama de servicios acorde a cada segmento de la población…-Mary -interrumpí-, como te dije en el teléfono, no estoy interesado en tus planes de salud. Fue entonces cuando su presencia me resultó extraña. Ahora no había excusa. La miré a los ojos, me pareció más lejana que nunca y a la vez más deseable.
La miré bien, los senos marcados debajo de la camisa blanca, su cara de resignación a la vida, una lucha sin objetivos claros. Algo la había puesto a pelear ahí, creo que ella no sabía qué era. Yo tampoco, claro.-¿Tomamos algo? -ofrecí.Rechazó mi primera oferta, pero la convencí después de un rato, justo cuando ya comenzaba a oscurecer. Charlamos de todo y de nada. Política, Televisión, Economía, Escritores, Música. Mary tenía al menos cuatro copas de vodka con limón adentro. La noté relajada, con una mirada más real. -¿Vamos al balcón? -pregunté. Mary aceptó. Yo tenía tres vasos de Martini Bianco encima y sentía los primeros efectos. Nos apoyamos en la baranda del balcón mirando todas aquellas pequeñas luces de la ciudad en el atardecer. No hablamos por varios minutos hasta que casi sin pensarlo comencé a acariciar su pelo, suavemente. No dijo nada y pasamos así un rato largo hasta que preguntó: -¿Creés que soy bonita?
-Me gustás -le dije. Nos besamos un rato, Mary me tomó de la cintura llevándome hacia ella. Noté su lengua larga y blanda que no sabía usar bien. Dejamos el balcón y entramos al departamento. Nos apoyamos sobre la heladera y comenzamos a besarnos de nuevo. Cuando recién había pasado de sus senos a sus muslos un beep agudo comenzó a sonar en alguna parte. Mary se separó al instante y atendió un muy pequeño teléfono móvil que tenía en la cartera. Se alejó unos pasos.-¿Sí? Ya estoy yendo para allá. ¿Qué? No, nada. Recién salgo de visitar un cliente. No, quedó en confirmar. Sí. Media hora. Te veo. Sí, yo también te quiero. Sí, media hora, un poco más.-Tengo que irme. -dijo. -Entiendo. ¿Nos vemos otra vez?-Te llamo la semana próxima, si puedo. Su cara volvió a ser como antes. Resignación, frustración, pequeñas dosis de odio.-¿Tenés un chicle de menta? -preguntó acomodándose la camisa.-No. Pero abajo hay un quiosco. ¿Me das tu teléfono? -pregunté.-Yo te llamo, mejor.La acompañé hasta la puerta y regresé a mi departamento, saqué el morrón y la cebolla de la heladera y los piqué en pequeños cuadraditos. Puse todo en una sartén con un poquito de aceite.
Luego la pechuga de pollo en otra. Fuego mínimo para ambas. La cebolla y los morrones comenzaban a dorarse y el aire se llenó de un aroma increíble. Cocinar tu propia comida es mucho más interesante, le da un cierto erotismo y en cierta forma hay una relación similar al proceso de conocer, seducir y finalmente acostarse con una mujer. La única diferencia es que la comida, una vez lista, ya no puede escapar de tu mesa.
Chistes Coreanos
Pablo Kersz
Nosotros, los tibios
Nos sentamos justo debajo del neón rojo de Budweiser de una pizzería que alguna vez había sido muy popular, pero que ahora, por algún motivo, ya no lo era. La decoración era propia de los 80's: neón intermitente, televisores en línea con una misma señal, fotografías de mujeres rubias sobre Ferraris y muchos otros detalles que junto a las manchas de humedad se fueron agregando desde la inauguración.
Frank y George eran amigos con los que hacía tiempo no me veía. Frank estaba en la música, estudiando violín, piano y otros instrumentos clásicos. Yo también me relacionaba con la música, pero de manera diferente. No era músico, sino algo parecido a compositor. Frank tenía decenas de libros de Brahms, Beethoven y Mozart y cuando visitaba su casa, siempre hojeaba alguno. Los abría y de inmediato los cerraba. No había otra cosa que doscientas o trescientas páginas de pentagramas en cada uno. Me hacían sentir pánico. Era increíble que alguien lograra tener una conexión con la música interpretando pentagramas, imaginando doce instrumentos al mismo tiempo. Algo imposible para mí.Así y todo, Frank lo hacía sin problemas. Pero aún no era bueno tocando el violín. Lo hacía sonar raro, como si las notas dudasen. Muchos de los temas que él tocaba yo no los conocía, pero al escucharlo sabía que algo no andaba bien. Entonces él paraba de tocar y con el mentón aún en el violín decía: --Comencé a estudiar a los veinte, los rusos normalmente comienzan a los 4 años… ¡Nunca los voy a alcanzar!
George, en cambio, no hacía nada en absoluto. Tenía 27 y aún vivía con sus padres. No trabajaba, ni salía, ni lograba conectarse con las chicas. Se mantenía fuera de todo, de alguna manera. Y hacía bien, supongo.Escuché ruido de sillas, dos mesas atrás. Vi a cuatro subnormales aplaudiendo de pie, cantando con fuerza la canción de Feliz Cumpleaños. Era realmente irritante.Llegó el mozo a nuestra mesa y después del pedido volvió con dos Heineken, algo de maní y tres vasos grandes. Luego se alejó unos metros y se quedó parado justo debajo de un tv.Frank sacó un atado de cigarrillos Philip Morris. Lo dejó en la mesa, junto a un encendedor de plástico. George tomó el encendedor y comenzó a jugar con él, haciendo pasar los dedos sobre la llama.Logré distinguir un tema de Ella Fitzgerald que sonaba muy bajo, desde algún lado. Me hubiera gustado que subieran el volumen. Luego me olvidé por completo de la música.
-El domingo me clavé una puta. -dijo George-. Veinte pesos. Frank me echó una mirada rápida mientras encendía un cigarrillo.-Me la chupó. Después se la metí por el culo.El humo que exhaló Frank fue directo a la pared, contorneando unos tubos de neón azul. Pronto tomó un color púrpura muy atractivo y se desvaneció de inmediato. Creo que ellos no lo notaron.-¿Que sé siente por el culo? -preguntó Frank.-Nada, igual que la concha. Más seco, creo. -dijo George.-¿No se la metés a tu novia por el culo? -me preguntó Frank.George tomó un buen trago de cerveza. Me miraba mientras lo hacía.-No hay forma. No le entra. -dije.-Tendrías que meterle antes el dedo y mucha saliva. -Vaselina -dijo Frank.-Si, intenté, pero nada. Tampoco insistí demasiado. Me da un poco de impresión todo eso. No me gustaría lastimarla. Tengo una pija grande y ella un culo muy chico. -dije.-Qué lugar de mierda. -dijo George.-Sí.-No es el Ritz, pero no está tan mal. -dijo Frank.El mozo trajo la pizza. Tenía mucha muzzarella y se veía bien.George fue hasta la barra a pedir otra cerveza.Frank esperó a que se alejara. -¿Le contaste a George de la chica de Río? -me dijo en voz baja.-No. No me gusta contarle mucho sobre mujeres. Me da la idea de que lo hace sentir miserable. -respondí.Frank hizo un gesto con los hombros.George regresó con dos cervezas, las dejó en la mesa y nos sirvió a los dos. Después se sirvió el. Se sacó el abrigo, lo puso en el respaldo de la silla y se sentó nuevamente.
-¿Te conté de la chica que conocí en Brasil? -le pregunté a George.-¿Fuiste a Brasil?-Hace un par de meses. Estuve en Río y conocí a una chica en la playa, un par de horas antes de volver. Yo estaba sentado en la orilla, tomando un jugo de naranja con los pies en el agua. Ella se acercó y se sentó a mi lado. Una hora después me la estaba clavando en la ducha de su departamento. No había mucho tiempo, yo tenía vuelo de regreso en cuatro horas. Fue todo muy exótico. Su pelo grueso y la piel negra y el calor intenso. Ella inclinada hacia delante, con la cara y los brazos apoyados contra los azulejos del baño, el agua de la ducha dándome directo en la cara, el agua tibia, casi fría. Afuera, la temperatura estaba cerca de los treinta y cinco o cuarenta grados.Mientras lo hacíamos, ella murmuraba palabras en portugués, cosas incomprensibles. En la radio sonaba algo muy suave, como una samba.George señaló las dos últimas aceitunas de la pizza y preguntó si alguien las quería. Frank y yo dijimos que no. Las tomó delicadamente y se las comió. Luego se chupó los dedos.-Creo que pocas cosas son tan vulgares como chuparse los dedos, ¿sabías? -dije.-No te enojes, tengo cáncer en la lengua. -dijo George mostrándome la comida masticada en su boca. Frank se reía. Logré ver una pequeña cáscara de maní pegada en su diente.
-¿Qué más pasó? -preguntó George.No sé, no es nada especial, pero era el entorno, tan exótico, tan fresco… me acuerdo de su espalda, una piel perfecta y el agua cayendo por esas curvas. Y sus senos firmes y sin marcas de bikini. Su cara era muy definida, muy femenina. Tenía modales suaves y tenía clase, pero había algo salvaje en ella también. Algo selvático. Yo la miraba y aunque no sé mucho de mujeres negras, supuse que podía llegar a ser modelo con un cuerpo así. Un metro setenticinco y tenías que ver esas piernas… Mientras me la cogía, le metí el dedo en el culo, y se inclinó aún más, retorciéndose, empujando hacia atrás. El baño lleno de vapor, ella gritaba, yo gritaba y el agua de la ducha se metía en mi boca. Una danza increíble. Estaba cerca de acabar y la saqué un momento para enfriarme. Nos besamos y entonces ella abrió un pequeño sachet de shampoo que estaba en el posa jabones de la ducha, lo vacío en sus manos y me lo untó en la pija. Volvió a ponerse en la misma posición que antes, bajó una mano y se llevó la pija enjabonada al culo. Logré introducirla lentamente pero por algún motivo, comencé a perder la erección.Frank ya sabía la historia, pero le gustaba que la contara una y otra vez. Miré a George y pude ver cierto gozo oculto en sus ojos, al contarle lo de la erección. Seguramente habría sentido cierto alivio con un final así, y lo comprendía perfectamente.
Yo también disfrutaba cuando el toro embestía al torero.-Fue raro. Pero a ella no le molestó tanto, creo. Fuimos a su cama, caminé siguiendo ese culo tieso, mientras el agua caía de su pelo negro en toda la habitación. Volví a sentir el calor en el aire, la música aún sonaba fuerte, ahora eran tambores y percusiones africanas. Miré la hora en un pequeño reloj que tenía junto al velador, aún había algo de tiempo.Ella me miraba, me miraba intensamente. Me sentía muy bien, hasta me había olvidado de la erección. No importaba una mierda la erección. Nos sentíamos bien así, en su cama. Cerré los ojos unos minutos. Me fascinaba la música. Podías entrar en trance con esos ritmos. Me tumbé boca arriba y ella comenzó a chupármela. Muy suave. Lento, parte por parte. Me metió el dedo en el culo. Estiré mi mano y la tomé de una nalga, era increíblemente sólida. La atraje hacia mí y comencé a mordisquearla y lamerla. Ella puso una pierna a cada lado de mi cara. La concha era de un color rosa claro. Se veía muy rara entre esas piernas tan negras. Estaba bien depilada. Pensé en el sida, pensé en lamer, pensé en fregar mi cara mientras olía profundamente en su sexo, pensé en víboras verdes subiendo por sus piernas. Pensé en pasar los próximos cuarenta años en esa posición. Entonces acabé en algún lado de su cara o en su boca o en ambos lados. Nos vestimos. Me acompañó hasta el taxi. Me dio un gran abrazo y me dijo que se llamaba Leila.-¿Leila? Qué nombre tan raro. -dijo George.-¿Vas a volver a verla? -preguntó Frank mientras encendía el último Philip Morris del paquete.-Quién sabe. -dije. Esperé a que el humo exhalado llegase nuevamente al neón.
Nosotros, los tibios
Pablo Kersz
Pasto
Entre otras cosas, vivíamos la peor crisis económica nacional de la historia, en la que casi el cincuenta por ciento del país era pobreo estaba a punto de serlo. Podías ver familias enteras comiendo directamente de las bolsas de basura en la puerta de tu casa.Podías ver incluso mujeres, de rasgos delicados, arrastrando carros con cartón durante noches heladas, mendigos defecando en las esquinas,cosas así. La mayoría de ellos eran ex clase media. Una buena parte ya se había vuelto loco, quiero decir, hablaban solos o se quedabansimplemente parados, mirando un punto fijo por horas. Eran cientos y estaban por todos lados, pero por algún motivo, todos actuabancomo si realmente no estuvieran ahí.Tenía pensado irme a vivir a Europa. No porque la estuviera pasando económicamente mal, sino por el contexto social. Todo se estaba yendoa la mierda, en todo sentido. Pasarla mal solo era una cuestión de tiempo. Yo había iniciado los trámites de mi doble nacionalidadcasi tres años atrás, así que solo me faltaba juntar unos tres o cuatro mil dólares para el pasaje y los primeros meses.Durante ese tiempo había estado en contacto de un amigo que estaba desarrollando sitios de contenido adulto en Internet desde hacia varios mesesy luego de hablar con él al respecto entendí que sería altamente redituable dedicarle algún tiempo, por lo que postergué un poco más mi viaje.
Todo lo que tenia que hacer era pasar entre unas y dos horas diarias seleccionando, en mi casa, entre 200 o 300 fotos de modelos desnudasy llenando algunos cuantos formularios. Pagaban en dólares y aquí, el precio del dólar estaba por las nubes. No tenía horarios, ni jefes ni nada por el estilo.
Los cheques comenzaron a llegar y en menos de dos meses logré mudarme a un departamento grande en el centro de la ciudad.Ganaba quince o veinte veces el sueldo de un obrero en un mes. No tenia que hablar con personas. No tenía horarios ni presiones.Ni siquiera tenía que salir de mi casa. Para mí, era el trabajo perfecto. Comencé a comprar todo tipo de cosas que no necesita ni deseaba,como maquinas de café express, un micro cine, un auto, muebles, ropa. Cosas así. Incluso en el supermercado ya no miraba los preciossino los productos. Lo que me parecía interesante lo llevaba.
Para esa fecha el sistema financiero seguía destruido y era imposible depositar dinero en los bancos. (los bancos estaban reteniendo indefinidamenteel dinero de todo aquel que lo tenía depositado). Así que no tenía otra opción que esconderlo en algún hueco de mi casa. Previamente ponía todoel dinero sobre la cama para ordenarlo en grupos de a mil. Los apilaba prolijamente y me quedaba mirando detenidamente el dinero, esperandola magia. Pero no había mucha magia en esos billetes. Ponía entre mis dedos uno de 100 dólares y leía el numero de serie.Luego lo ponía con los demás. Eran billetes ásperos al tacto. Muy secos. Casi todos tenían un olor particular, algo entre vómito y madera. Un aroma desagradable. Tenía dos cajas llenas de dinero al contado. Billetes grandes. Era extraño, siempre había pensado que terminaría viviendo en la pobreza, las cual si bien no la deseaba, no me producía tanto miedo si es que era el precio de salir del sistema laboral clásicodonde debías estar agradecido de donar ocho o diez horas de tu vida cada día de tu vida a cambio a lo suficiente para sobrevivir.
No sabía exactamente cuanto más duraría mi suerte, pero hasta el momento tenía suficiente dinero para pasar los próximos cinco o seisaños sin trabajar. Mientras tanto, el país se derrumbaba. Solía disfrutar de las tardes de octubre en las que interminables filas de desocupados,armados de palos y banderas, marchaban camino a las protestas frente al Congreso Nacional. Podía verlos detalladamente desde mi balcónen el piso octavo mientras tomaba un té. Normalmente todos vestían pantalones jeans y camisas blancas con el cuello desabotonado.Mayormente eran hombres y mujeres de contextura chica y cabello muy negro y brillante.
Me apoyaba en la baranda del balcón sobre ambos brazos, mirando hacia abajo, sabiendo que jamás lograrían nada a su favor.Alguien ya había tirado los dados por ellos mucho tiempo atrás. Ellos simplemente marchaban, pero realmente a nadie le importabaen absoluto su causa. De hecho, a nadie le importaba ninguna causa salvo la propia.
Cuando me aburría, solía preparar la bañera y me quedaba ahí hasta que el agua se enfriaba. Escuchaba bossanova, leía a Raymond Carver y recibía cheques gordos por debajo de la puerta. Eso era todo y nada a la vez. Solía preguntarme que estaría haciendo si me hubiera ido a Europa. Pensé en sus calles y el aire frió. Tarde o temprano terminaría viviendo ahí. Eso era seguro.Una tarde pensé en producir material porno para exportar. No porque lo necesitase, sino porque me aburría mucho. Tenía los contactos. Era dinero fácil. Tenía todo a mano, salvo las modelos. Pensé en fotografiar a alguna de las mujeres desocupadas que iban a las marchas, las cuales, supuse, por unos pocos dólares estarían dispuestas a posar desnudas. Me senté en la vereda con la idea de encontrar alguna de buen cuerpo. Desde abajo todo se veía mucho más caótico, el ruido de las bocinas era insoportable. A su paso, estaban cortando el tráfico de la zona más importante de la ciudad. Las miré con atención, salvo unos pocos casos, todas ellas estaban lejos de ser sexualmente atractivas para el norteamericano promedio.
Poco después publiqué en un diario local una serie de avisos buscando modelos para una revista erótica: Revista Erótica BuscaModelos de 18 a 22 años.Enviar c.v. c/foto a c.c. 7 suc 2
Ninguna respuesta. Finalmente llamé a una amiga con la que había tenido algunos affairs tiempo atrás.Ella era de mis pocas fans, tenía guardados todos mis relatos y cartas en una carpeta, solía decir que algún día costaríanvarios miles de dólares. Vicky solía necesitar dinero para drogas y lo obtenía a cambio de sexo con algunos peces gordos locales. La llamé:-Soy yo. -le dije.-Josh? Como estás! -Dijo Vicky. Había reconocido mi voz de inmediato, era un buen síntoma.-Cabrón, no llamás jamás! -Dijo-Vos tampoco me llamás -me apuré a decir.-Quedaste en darme tu teléfono nuevo. Te acordás? Dijiste que ibas a llamar para dármelo. -Pude escuchar una música espantosa de fondo. Sonaba como rock Argentino.-Tenés para anotar?-Esperá. -Escuche como buscaba algo con que escribir.-Anotá: 492, 39, 42.-dos nueve cuatro dos ?-No, tres nueve cuatro dos.-Esperá que bajo la música. Hey, bajáme la música man! -Escuché decir a Vicky.La música desapareció. Escuche un ruido, como si arrastrase el teléfono por la mesa al volver a levantarlo.-Listo, ahora me escuchas bien?-Escuchame, quiero hacerte rica y famosa. Que decís? -pregunté-A si? Sabía que llegaría ese día. -Dijo riendo.-Me gustaría que poses desnuda para una revista erótica sueca.Escuché una risa tonta y luego silencio.-Es en serio?-Seguro. Te voy a llevar a la cima. -En realidad no había ninguna revista sueca, pero era una forma mas simple de explicarle la idea.-Solo tenes que posar, y no hay nada de sexo. Y te pienso pagar por hacerlo. -Josh, no se si estas hablando de verdad o no. Pero necesito el dinero, así que contá conmigo. Escuché un ruido fuerte proveniente de la calle. Parecía como un choque. -Esperá un segundo que creo que hubo un accidente afuera. Dejé el teléfono y fui a subir la persiana. Tuve especial cuidado de no subirla por completo porque solía quedarse trabada. Me asomé por la ventana, apoyándome en el marco. Pude ver gente corriendo desde todas las direcciones. Alguien gritaba "ambulancia" Vi dos personas tiradas ridículamente en el piso. En posturas graciosas. Solo una de ellas se movía un poco. Estaba boca arriba con ambos brazos a los lados y una de sus manosacariciaba muy lentamente su lado izquierdo, a la altura del pecho. Escuché como mi vecina del piso de arriba levantaba la persiana. Logré ver parte de una moto debajo de la parte delantera de un taxi. Alguien caminaba agarrándose la cabeza con ambas manos. La gente seguía llegando al lugar. Volví al teléfono.
-Vicky? Aca estoy, hubo un choque aca abajo.-Un choque?-Si, con una moto.-Que tipo de choque?-No se bien, un taxi y una moto creo.-Con quien estas? Estas con alguien, no? -Pregunté-No, con un boludo. Ya sabés. -dijo ella.
Poco después de cortar escuché como se acercaba una ambulancia.Su sirena era aguda y penetrante. Estuve a punto a volver a mirar pero decidí dejarlo y preparar café.
Quedamos en encontramos con Vicky en una plaza cercana al hotel en el que haríamos las tomas.Estacioné el auto en la esquina de la plaza. Era un frío y ventoso atardecer de primavera. Llegué quince minutos antes. Miré hacia ambos lados pero no pude ver a Vicky. Noté que el pasto de la plaza estaba llamativamente largo y descuidado. Tenía la impresión de que el aire era levemente azul. Entonces vi un hombre viejo junto a una bicicleta muy pesada y fea. Estaba apoyado en una pared llena de graffitis. Solo estaba ahí, mirando hacia delante. Parecía un vagabundo. Algunos minutos después lo vi sacarse una boina y un enjambre de pelo blanco largo se formo en su cabeza. Entonces se colocó de nuevo la boina.
Prendí la radio del auto. Escuché unos minutos de sinfónica mientras miraba el pasto batirse con el viento. No podía imaginar algo más triste y estéril que eso: una plaza descuidada en medio de un país en llamas. Volví a mirar al vagabundo, ahora estaba sentado en uno de los bancos. Se había quitado uno de sus zapatos y lo estaba agitando, como si quisiera quitar alguna pequeña piedra de su interior.
Sentí unos golpecitos en la ventana del acompañante. Era ella.Apenas subió al auto note que usaba un perfume fuerte de invierno,Aunque ya estábamos casi en verano.
-Viste como esta de descuidada esta plaza? -le dije.-Man, donde vivís? El país se esta yendo a la mierda y vos te fijas en eso? No hay guita para nada, menos para cortar el pasto de mierda ese.Entonces me dio un beso suave en el costado derecho de la boca.
Llegamos al hotel y, mientras yo preparaba la cámara, Vicky fue al baño. Poco después salió desnuda y fumando un cigarrillo de marihuana.
-Ya te explique que las tomas las hago mientras te vas desnudando. Vestiste de nuevo por favor.Se quedó parada junto a la puerta, con el cigarrillo en la mano, mirando uno de sus zapatos que estaba junto a la cama.-Mi papá se quedó sin trabajo. No tenemos un mango en casa.
No sabía exactamente que decir. Pensé en su padre: un tipo de barrio, empleado de un mismo taller mecánico durante diez o veinte años. Una esposa y dos hijas. Eso era todo. Una vez me había dicho algo sobre autos, algo sobre válvulas o algo parecido a eso.No había entendido absolutamente nada de lo que decía. Me estaba recomendando comprar un aceite especial de Shell en el caso de quealgún día comprara un auto. Ahora tenía uno, pero simplemente lo usaba. Nunca tuve interés algún en ver que hay debajo del capot.Si había algún problema, simplemente lo llevaba a un mecánico. Eso era todo. Pero tenía que escucharlo, era un experto en motores de autos.Así todo, ahora él tampoco tenia trabajo. Nadie tenía trabajo. Hubiera querido sentirme mal por eso, pero no me producía nada. No sabia que decirle.
-Mirá, yo sé que dentro de muy poco todo esto se tiene que arreglar. -Dije. Aunque sabía que al menos había dos grandes mentiras en esa frase. -Pero quedate tranquila, porque si tu viejo si anima a posar desnudo con sus amigos del taller le puedo dar trabajo. -Dije bromeando.-Que asco! -dijo Vicky. Mientras reía apoyada en el marco de la puerta del baño.
La miré. Había un cierto aire a Marylin Monroe en sus gestos. Pero no dejaba de ser una mala imitación. También noté que Vicky ya no tenía el cuerpo que solía tener. Estaba levemente más gorda y mal depilada, quiero decir, pude verciertas partes irritadas en su entrepierna.
-Te gusto? -me Dijo.-Lo importante es que les gustes a los productores norteamericanos.-No eran de Suecia?-La revista es sueca, pero los productores están en USA. dije rápidamente.-Pero te gusto o no? -insistió.Seguro, tenés clase zorra. -Mirá el culo que tengo, man. -me dijo. Entonces me dio la espalda y se agacho separando levemente las piernas, mientras se tomabaágilmente de los tobillos con ambas manos. Pude ver claramente su orificio anal y parte de la vagina.
-Esta cola será tapa de playboy! --Dijo Vicky.-Alguna vez viste una tapa de playboy? No hay fotos de culos. -Dije.Mi humor habia cambiado, sabia que ya no habria set, no me servirían las fotos. Acerque mi mano izquierda y le acaricié una nalga.Después le rocé la concha con el dedo índice, era suave y gomosa. Fue un contacto casi científico. Todo lo sexy que alguna vez vi en Vickyse habia ido ahora. Entonces miré con más atención: Tenía un curioso orificio anal color marrón claro y un minúsculo, casi imperceptible, resto de papel higiénico pegado. Preferí no decirle nada.
Nos sentamos en la cama. De alguna manea Vicky entendió que no habría fotos esa noche y no preguntó nada al respecto.
-Vamos al jakuzzy? -pregunté.-No, no me quiero mojar el pelo -dijo ella. -Su humor también habia cambiado y ambos teníamos ganas de no estar ahí juntos.
Camino a su casa, había un McDonald's. El cartel podía verse a cientos de metros. -Querés que paremos a comer algo? -Pregunté. -Ahí? -No man, eso no es comida. -Dijo Vicky. La llevé a su casa y le di algo de dinero por haber venido. Retomé por la avenida y, dos minutos después estaba estacionando justo debajo de una enormeM dorada, bajé del auto y pude sentir el frió viento de la noche en mi cara. Caminé entre otros autos pero me detuve cuando escuché un ruido cerca de la vereda, me acerqué y vi que provenía de un gato blanco y marrón que aparentemente habia sido atropellado hacia algunos pocos minutos.Me agaché e intente acariciarlo sobre el lomo. Vi su mirada fija y las pupilas completamente dilatadas.No podia hacer mucho, asi que solo acaricié su lomo suavemente, casi con la punta de los dedos, mientras miraba un delgado hilo de sangreal costado de su boca entreabierta, pero fueron sus gemidos de dolor, tan suaves y profundos los que jamás logré olvidar.
Pasto
Pablo Kersz
Llaves de hielo
La primera vez que te vi fue la noche en la que toqué en vivo en ese bar electrónico de mierda.
Desde el escenario noté tus mirada y despues, al bajar, me dijiste que te gustaba como me vestia. Hablamos sobre algo que ahora no recuerdo y mientras lo haciamos te miré: tenias unas interesantesmedias de red y ese look años veinte fusionado con una tierna actitud fuck you.
No supe mucho más de vos hasta que te vi con el amigo de un amigo y, poco después, con mi amigo. El circulo se cerraba. Imaginé que yo seguía en tu lista pero, no me preocupaba mucho. Alguien me dijo
Un día, simplemente me llamaste y me hiciste reír bastante. Noté que eras muy ágil mentalmente y, a tu manera, tenias clase.
Entonces limpié lo mejor que pude la casa, principalmenteel baño y la cocina. Cuando llegaste, nos sentamos en el bacón.Escuchamos ella fitzgerald y tomamos los primeros martinis de la noche.
Después de comer, estábamos en la cocina, vos sentada en la mesada y yo frente a vos.Puse mi mano sobre tu pierna. Medias de red. Piernas largas y firmes. Habíamos tomado toda la noche,música y luz tenue, cerezas y velas. Instinto: Te miré, nos besamos.
Mientras te desnudaba, llegué a compararte con las chicas inocentes con las que suelo estar, y me refiero a las quellevan medio kilo de algodón rosado donde debería haber un cerebro. Por que las prefiero? porque hacen que las cosas sean mas dulces y suaves. Te desabrocho la camisa. Tenés una tetas hermosas. Me gustan tus besos, tu actitud y tu estilo.Pero, hay algo malo en vos, es algo sucio y, no me refiero a tu higiene personal sino, algo en tus ojos, llamesé alma llamesé mente.Intento no pensar en eso. Quiero pensar en tus tetas y en la concha húmeda que estoy tocando, pero no puedo dejar de pensar. Alguien dejo mi cerebro encendido y salio corriendo. Me concentro en tu respiración agitada: me olvido de todo.
Me dormí en algún punto de la noche. Cuando me desperté, era pasado el mediodía. Te miré de reojo. Miré a mi izquierda:Pocas cosas son tan tristes como una lámpara de lava bajo la luz del sol. La apagué. Fui a la cocina y tomé algo de agua.Tuve que despegar de mi pie una semilla de cereza que pisé descalzo.
Decidí volver a la cama y, antes de llegar, vi. en el piso tus botas negras y una bombacha blanca, no recuerdo muchas cosas tan hermosas como esa: El cuero negro de las botas, firmes, erectas y frías. Y tu ropa interior arrugada, impecablemente blanca sobre el piso,tan suave e inocente. Te miré, dormías con la boca abierta, estabas pálida y tenias el maquillaje corrido.Tu pelo estaba crispado y duro en ciertos puntos, enredado por el semen, supongo. Cuando te despertastefuiste al baño y, sabes? bajo la luz de la mañana, no sos tan bonita como bajo la luz de la noche.
Llaves de Hielo
Pablo Kersz
King Size
Lo que necesito ahora no es otra cosa que sentarne con vos en un bar, muy cerca de una ventana, en la tarde más fría que pueda darnos el otoño.
Sería una tarde realmente gris y los vidrios tendrían algunas pocas gotitas de lluvia.
Nos calentaríamos las manos apoyándolas en la taza y entonces, comeríamos y charlaríamos sobre cosas que realmente no nos importan del todo, mientras miramos a los demás hacer prácticamente lo mismo.
Sabes? hoy me levanté y di vuelta el colchón. Parece poco, pero fue una vuelta de pagina.
Miré detenidamente cada una de las manchas antes de poder girarlo y distinguí varias:
una larga de café en forma de estrella, una rara de helado, una que recuerdo que era de mostaza ,una redondita de sangre y muchas otras indefinidas, superpuestas y misteriosas.
Habia intentado muchas veces girarlo pero lo dejaba como estaba y entonces corría a llamarte completamente desesperado y sin aire. Vos atendías el teléfono, me dejabas hablar y entoncesme decías cosas como "Mirá josh, tengo que irme al gimnasio".
Recién hoy pude girarlo. Y ahora que sos mi pasado duermo sobre él.
King Size
Pablo Kersz
Espejos, llaves y pelos dorados en una tarde de enero.
Soledad a niveles que duelen. Al punto que me sorprende escuchar mi propia voz después de días de estar en silencio.
Pocos entenderían que no necesito mas que un largo abrazo tuyo bajo la luz de la tarde.
Y en la noche, un ruido de llaves cerca de mi puertame hace pensar que sos vos. pero nunca llegasy entonces, espero a la próxima llave y a los próximostacos y el próximo ruido del ascensor.
Imagino diez mil formas posibles de pedirle perdón cada día. de llamar tu atención pero el fuego ya se apagó y comienzo a sentirel frío del que alguna vez habia escapado. El frío quehasta hace poco creí necesitar. Es un frío que llega desdeadentro hacia afuera. Es un frío que corta y adormece.
Encontré un cepillo roto que no te llevaste, tiene algunos pelos tuyos aún. Tomo uno y lo extiendoa la luz. lo paso por entre mis dedos. Es fino y suave. Lo llevo a mis labios. Lo pongo en la palma de mi mano y entonces lo aprieto fuerte. Tanto como puedo.
Me veo en el espejo. Hay algo húmedo a los costados de mi caray dentro de mis ojos. Dejo nuevamente tu pelo enredado en el cepillo y eso estodo lo que me queda ahora de vos.
Espejos, llaves y pelos dorados en una tarde de enero
Pablo Kersz






